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ISSN 2684-0626

 

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ENTREVISTA A SAB ALEGRE: TIRARSE AL VACÍO CON EL LENGUAJE

Por Mario Flores |

La antología de narrativa contemporánea “Esta no es una historia de amor”, publicada por Editorial Tóxicxs a fines de 2025, reúne diez cuentos que abordan el universo poético de Él Mató a un Policía Motorizado. Perpendicular al asombro de una época que hace de la música el soundtrack de toda una generación, los relatos (de distintos puntos del país: Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Tucumán, Neuquén, Córdoba y Buenos Aires) configuran un nexo entre la música y la ficción. “El Sereno”, cuento de Sab Alegre (el segundo en la lista del libro), ubica en una zona microscópica la alta gravedad de un amor furioso.

Siempre es interesante (y riesgoso, a veces) leer el paso de la poesía a la narrativa -y viceversa- porque hay publicaciones que se aventuran a estos experimentos en el cual (siendo el caso de Esta no es una historia de amor) hay muchos autores que vienen de la poesía. ¿Cómo es escribir en estos distintos registros y convivir con ambas concepciones de la palabra en tu obra?

En el caso de mi obra en particular: poesía y narrativa son dos mundos que todo el tiempo dialogan entre sí pero también se tensionan. Si bien la materia prima de ambos estilos es el lenguaje, la forma de llevarlo a cabo es totalmente distinta en cuestiones de proceso, de sentires y de emociones. Personalmente, el paso de la poesía a la narrativa no fue tan sencillo, aunque existía un guiño amable porque mi poesía es muy narrativa; sin embargo fue una aventura animarse a explorar una forma de “contar” algo a partir de otro estilo que todavía estoy descubriendo. Al comienzo fue como tirarme a una pileta llenísima de agua sabiendo solo flotar pero nadando de forma improvisada. Contrario a lo que me pasa en la poesía, que ya sé cómo es mi método para escribir, cómo es mi ritmo para construir el poema, cómo son las imágenes que quiero que aparezcan. Estas certezas que tengo en la poesía las fui descubriendo en la narrativa: leyendo y experimentando las formas de escritura en este estilo específico. Me gusta lanzarme al vacío con el lenguaje y ahí ver cómo funcionan las partes, comencé escribiendo algunos experimentos narrativos raros que yo les pongo el nombre de “deformes” porque no cierran mucho en un estilo específico sino que son bastantes híbridos y así fui experimentando, jugando, escuchando lo que escribo y luego dándole la forma, intentando encontrar mi ritmo narrativo… algo muy artesanal e intuitivo que es mi manera de construir la escritura. Más allá de la forma, lo que me emociona y lo que me conmueve es contar historias, narrar, inventar, y eso me sucede tanto en la poesía como en la narrativa, solo que en la narrativa las horas de disciplina para mí son más necesarias y es un desafío. Lo que quiero contar en la narrativa está durante mucho tiempo en mi cabeza, semanas largas. En cambio, el poema ronda en mi casa y se va más rápido al mundo. Esto parece muy ingenuo pero el desafío fue animarme a sentarme a escribir esas escenas en pequeñas células que me permitieran trabajar el ritmo y las imágenes que son esenciales para mí, algo que fui construyendo también escribiendo poesía.

Siendo la premisa (porque “consigna» es una palabra muy escolar) que los cuentos debían referir al imaginario lírico o musical de Él Mató A Un Policía Motorizado, ¿cómo elegiste gestionar esta idea de El Sereno? Es uno de los cuentos más extensos de la antología también, ¿su proceso de escritura fue a propósito de la antología o viene de antes?

Cuando Alfredo (Díaz) armó la convocatoria y me propuso escribir a partir de Él Mató, que es una banda que me gusta mucho (sobre todo en sus orígenes) me emocionó la idea pero me llevó tiempo entrar al proceso de escritura porque no había hecho “el click” de lo que quería contar. Es más, casi me rindo y no escribo nada justamente por este paso de la poesía a la narrativa que es otro mundo que te decía anteriormente. Luego me relajé y decidí seguir mi proceso de escritura. Muchas veces escribo con música específica para entrar en climax y fue cuando durante una semana escuché entero el disco El Día de los Muertos que es uno de mis favoritos y ahí las ideas comenzaron a salir, a fluir escenas, posibles historias, disparadores narrativos, imágenes más atmosféricas sin estar cerradas. A partir de ahí volví sobre dos personajes que tenía guardados en mi compu en algunos escritos en forma de notas muy desprolijas; uno de ellos era una idea muy vaga del personaje de El Sereno y el personaje de la piba que vuelve a ese pueblo de Santiago del Estero cargando con su pasado. Ellos dos hacía tiempo estaban en mi cabeza sueltos y jugando hasta que pudieron encontrarse en esta historia. Me emociona pensar que ese imaginario está en génesis en uno mismo y que algo en común, casi misterioso, lo convierte en escritura y salen al mundo. 

Hay una gran presencia de lo oculto y lo no dicho en El Sereno, se narra aquello que no se dice o que permanece subrepticio a la vez que la protagonista atraviesa una época extraña, ¿es un cuento de iniciación? ¿Cómo se elige narrar estos viajes de amor y salvajismo, de religiosidad y dichos familiares? ¿Hay una mitología interna allí?

No considero que es un cuento de iniciación, todos en el cuento están en un estado latente de tensión hacia el “dolor” cotidiano, esas cuestiones de la vida de las cuales nadie esta excento: engaños familiares, muertes de padres, silencios, enamoramientos ocultos, frustraciones, maneras de procesar las pérdidas. Me pregunté en la historia: ¿cómo viajamos en el día a día con una vida que puede estar marcada por la tragedia? ¿Qué lugar hay para experimentar el amor en medio del caos? Y de ahí me interesó despegar, llevarlo a un espacio que parece ampliado pero que al mismo tiempo coquetea con lo cotidiano. Me interesaba que la mayoría de los elementos centrales que atraviesa el mundo emocional de los personajes transcurrieran en el mundo íntimo familiar, es algo que me parece muy divertido y expansivo cuando prestamos atención a las dinámicas familiares que son espacios donde creo que hay un montón de literatura para narrar. Luego hay elementos que endulzan a todo eso: el amor y el salvajismo es la posibilidad de vivir algo intenso para los personajes… pienso en que, más allá de la “época extraña” que marca a la protagonista, hay un movimiento de vida que es el movimiento de experimentar un  amor impredecible. La verdad, creo que hay una mitología interna en el cuento que es propia de mi mundo interior: lo familiar cruzándose con lo religioso, una espiritualidad casi doméstica de la cual cada uno se apropia… a veces también existe algo como un paganismo oculto que convive con lo religioso como un intento de sobrevivir ante todo lo extraño que nos pasa.

Con respecto a Él Mató en particular, no sabemos si todos los integrantes de la antología gustan de esa música ya que el motivo del libro no es un «homenaje» a la banda sino que lo conforman relatos libres. En tu caso, ¿qué lugar o representación tuvo este grupo en tu vida? ¿Hay más publicaciones colectivas que tomen a la música y el rock nacional como columna vertebral siendo el resultado la visión de varias escrituras?

Cuando pienso en Él Mató automáticamente vuelvo como diez años atrás en plena juventud, cuando escuché por primera vez la Trilogía en el año 2008. En ese momento entré en el mundo sonoro de una banda que no había escuchado dentro del under argentino, con guitarras que me hacían acordar a Sonic Youth y con  letras que me llamaban la atención porque tenían para mí un carácter místico. Su poética tenía para mí la posibilidad de generar imágenes de un mundo pre-apocalíptico, y eso me pareció bellísimo. Para mí sus letras eran muy visuales. Y coincidió como una especie de banda sonora que me acompañó a transitar los espacios artísticos del lugar donde vivía en ese entonces. Por esa época comencé a animarme a mostrar lo que escribía, a conocer gente que hacía música, experimentar con la autopublicación, gestionar ferias y eventos. Eran años muy activos y en el medio también sonaba Él Mató. Recuerdo una escena muy linda emplazada en uno de los últimos cybers de la ciudad donde yo vivía, como no tenía internet a la noche iba con mi novio de esa época, cada uno se sentaba en su compu y yo buscaba escritores que me gustaran por internet mientras escuchaba los temas de Él Mató.

En cuanto a publicaciones colectivas que tomen el rock y la música como columna vertebral, desconozco… puedo pensar algunos nombres de escritores que toman la música para ponerla en diálogo en sus escrituras. Se me viene a la cabeza Juan Incardona con su libro Rock barrial (Interzona), pienso un poco en Fabián Casas y el cruce también en diálogo con la música en algunos ensayos y hasta su vínculo con El Mató, Walter Lezcano en su escritura alrededor del rock under argentino… pero casos cercanos a la música en producciones colectivas donde cada autor ponga en juego su universo íntimo literario para compartir en una antología sobre una banda específica, no recuerdo. Creo que existe un atractivo cruce entre el rock y la literatura, quizás como bordes que se tocan, como formas alternativas de la vida, críticas, borders, una textura no hegemónica del circuito cultural en algunos casos

Si tomamos en cuenta la hechura y montaje literario de un catálogo como el de Tóxicxs, independiente y artesanal, es muy cercano a tu modalidad de producir fanzines, plaquetas o dispositivos textuales alternativos, ¿qué estado de salud, por decirlo así, podés leer en la edición artesanal hoy en día?

Creo que hoy en día la edición artesanal se pudo posicionar en un escenario no solo de publicación alternativa para algunes, sino que demostró la propia potencia en sí misma como dispositivo de lectura con un procedimiento particular en su construcción y con publicaciones por fuera del “mainstream” literario. El artefacto de lectura artesanal va desde la selección de un papel, el diseño, la impresión, el mismo armado del libro generado por personas que laburan de manera incansable y con criterios cautelosos en sus catálogos. Considero que el “artefacto libro” que presentan hasta las publicaciones alternativas que proponen no es siempre lo que se publica generalmente, y eso genera una posibilidad de conocer a otros autores. Como así también la construcción de redes, de conocer a escritores, de laburar juntos, de bancar los proyectos, de circular en las ferias y entablar amistades… es un mundo de mucho laburo pero muy emocionante con todo lo que trae. De Córdoba puedo nombrar proyectos hermosos con gente maravillosa que los sostiene como: Vacamuerta Ediciones, Lote 11, Taller Perronautas, Ediciones de Fantasía, Ediciones del Cartográfo, Ramiro Pross, Cielo Invertido, Cabecita Negra, Materiales Explosivos… Son proyectos de la provincia que me gusta destacar porque en la construcción de la publicación hasta en las decisiones que toman para publicar apuestan a otros caminos posibles de la literatura.

Bastante federal es esta antología, con autores de diversos lares del país. En tu caso se presenta una suerte de exilio o residencia fuera de la centralidad de tu lugar de nacimiento en Buenos Aires, y hay muchos autores contemporáneos que han decidido residir en otros rincones muy disímiles de la metrópolis. ¿Se habita el territorio que se escribe? ¿Cómo es producir literatura desde los sitios en que nos encontramos, laterales y lejanos?

El territorio es algo fundamental, se habló mucho en los últimos años sobre los conceptos de territorialidad. A mí me atraviesa mucho, pero también me gusta pensarlo y sentirlo como algo para desarmar y jugar con eso. Hay algo particular en mí que tiene que ver con esa especie de exilio desde Buenos Aires hacía otras provincias; sobre todo un exilio desde el conurbano, que es “otro Bueno Aires”, hacía un pequeño pueblo de Santiago del Estero hasta luego vivir en Córdoba en otro pueblo hasta llegar a Capital. Mi historia territorial nunca fue estar y existir en  los lugares centrales, me parece divertido desde esos espacios hacer cosas: en mi caso fue escribir. Considero potente habitar el territorio donde uno habita, mirarlo, escucharlo, detenerse en él y escribir es una oportunidad para abrir una particularidad en el universo de cada uno. Personalmente, fue una fortuna habitar distintos territorios porque eso convive en mí, tomo prestado todo lo que podría haber sido ajeno pero que por fortuna de los movimientos me fue propio. Producir literatura desde nuestros espacios es una resistencia, una toma de posición jugada porque te desafía, de alguna manera, a crear a pesar de habitar -como se dice- esos espacios “no centrales” o “lejanos” que llaman fuera de la centralidad de Buenos Aires. Pero también, me pregunto: ¿lejanos para qué? ¿Laterales para quiénes? Me gusta pensar que lo que sucede en estos territorios lejos de la centralidad de las grandes ciudades es algo lejano para ellos y dar vuelta la ecuación porque no todo pasa en la gran ciudad. Me emociona conocer que en ámbitos pequeños hay miles de personas creando, sin siquiera pensar, por ejemplo,  en la publicación. A mi parecer eso tiene una identidad del estado del arte muy pura, sensible, despreocupada por la centralidad y con escrituras que se alejan del “mainstream literario”.

El Sereno es una historia tan conmovedora como tensa, a la vez que el humor está muy presente, algo que contradice la tendencia actual de sacralizar los cuentos de cementerios en el terror mainstream, ¿cómo viste este índice y cuáles son los textos que más te llamaron la atención? ¿Crees que esos textos dialogan y referencian tu escritura al menos dentro de esta antología?

El Sereno es una historia que sucede en un pueblo en medio de Santiago Del Estero y en esa ficción creada con la locura de la violencia cotidiana es una historia que nunca tuve la intención de una tendencia sobrenatural. Si bien tiene elementos ocultos relacionados al cementerio (paganismo, rituales, profanaciones), son datos que fui construyendo a partir de noticias o historias típicas “pueblerinas” que siempre circularon a mi alrededor. Intenté que ese sea el escenario donde transcurre la historia de los dos personajes, pero deseaba que lo importante sea lo que les pasa a ellos como personas vivas, de ahí la distancia de sacralizar el cementerio. Para mí es un intento de una historia de amor genuina dentro de un mundo trágico ligada a la muerte, pero con un sesgo de humor, de diálogos absurdos que se encuentran de forma minúscula. Considero que el humor es una manera de poder soportar el cotidiano, jugar con la ironía en la ficción siempre me parece atractivo. Tuve la fortuna de cruzarme en mis lecturas con autores que me pusieron en diálogo con esas perspectivas y me cambiaron la vida como: Foster Wallace, Kurt Vonneguth, Hebe Uhart, Carver. Los elementos que rozan el humor, la ironía, el sarcasmo, hacen que la vida sea más amable, una posibilidad de ponerle paños fríos al dolor de lo cotidiano: la enfermedad, la muerte, el desamor, y me gusta cuando eso aparece de manera cautelosa en mi escritura.

El Sereno / Sab Alegre Tóxicxs blog


Sab Alegre es poeta y docente. Nació en Buenos Aires en 1987.  Actualmente vive en la provincia de Córdoba. Editó poesía en formato fanzine. Publicó “En Blanco”, proyecto poético y visual coeditado junto a Nicolás China. Ha participado leyendo en   festivales de poesías y en diversos eventos. También fue seleccionada integrando la Antología poética Apología 4. Junto a otros artistas  formó parte del colectivo artístico “El Pantano”, organizando ciclos de lectura y música experimental. Conformó el experimento sonoro de tecno-poesía “Director Técnico”, y el equipo Paraboloide Hiperbólica, ciclo de poesía audiovisual.

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