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ISSN 2684-0626

 

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Norma y forma

El presente ensayo fue escrito a mediados de 2023 y publicado en Revista Metralleta nº55: Cabalgando hacia la muerte. Tuvo una tirada reducida y circuló principalmente en Buenos Aires.

Si bien la política universitaria no es el tema central del texto, cabe aclarar que surgió en un contexto específico en que -por la jubilación del Jefe de Cátedra de Taller C y frente a una acción sistemática y voluntad política de desmantelar los cargos de la Facultad de Artes UNT- se amenazaba en cierta medida la integridad y fortaleza del proyecto. De ahí la mención de una tríada como forma de organización del Taller, estructura que posteriormente fue modificada y nuevamente se estabilizó.

El texto conserva las marcas de esa coyuntura.


Por Gapar Nuñez |

El palíndromo es una palabra o expresión idéntica de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. Si estamos frente a un espejo, el palíndromo puede leerse sin problemas en su reflejo como en la superficie en que fue escrita. La mínima extensión posible de un palíndromo son tres letras: un principio, un fin y una bisagra en que los extremos rotan sobre su eje. La sigla SMS -hoy en desuso- es un palíndromo mínimo, irreductible por no tener más que tres partes; pero, si osáramos fraccionarlo, a su vez, cada letra es en sí misma un palíndromo: ESE-EME-ESE. Como una partícula elemental que inocula su carga genética a las partículas subordinadas.

Javier Juárez (Tucumán, 1977) SMS, 2005. Instalación. Tres pantallas monocromáticas, tres altavoces, tres plaquetas con microcontrolador, una fuente. Medidas variables. Imagen gentileza de Archivo Fact.

Esta estructura triangular y especular por igual se da cuando en 2005 Javier Juárez realiza su obra SMS que traduce la lógica de simetría verbal a un dispositivo material, técnico y afectivo de mensajería. SMS consistía en tres pantallas pequeñas interconectadas que reproducían los mensajes de texto de tres conversaciones. Con cada mensaje que ingresaba al dispositivo sonaba el ringtone del tema Prohibido de Callejeros en altavoces, sonido que iba yuxtaponiéndose e invadiendo intermitentemente en el silencio de la sala. El artista mantenía conversación con tres mujeres en simultáneo: María S, María M y María J. Las tres Marías que guían el recorrido de Javier: sus respuestas tácitas en las pantallas. Así, el artista reproduce sus mensajes, raciona y regula su intimidad, reparte sus afectos. Una especie de POV abierto al público. La obra fue ganadora del Premio Chandon 2005, certamen itinerante impulsado por la bodega, edición que se realizó en Tucumán y fue alojado por el Museo Provincial. Por aquella época la tecnología (NTIC) comenzaba a modelar la mirada de forma más generalizada, a redistribuir la intimidad y la exposición, lo que Ana Claudia García menciona al hablar de procesos de tecnologización del imaginario a partir de SMS.

Todo el artefacto era de una tecnología low-fi, precaria para la época. Low-fi se traduce como “de baja calidad”, pero en realidad sería: baja fidelidad, lo que refiere a cierto grado o capacidad de reproducción, aunque deficitaria, una baja-mímesis. No una mera precariedad técnica sino una fidelidad disminuida que expone su propia falla.

Aquella estructura de reproducción triple es propia del conceptualismo. Sin duda, estoy pensando en Una y tres sillas de Kosuth (1965), pero también en un antecedente: Las palabras y las imágenes de Magritte (1929). Esa capacidad de fidelidad mimética, esa intención de decir tres veces lo mismo es compartida también por SMS de Javier.

René Magritte (1898-1967). Les mots et les images / Las palabras y las imágenes, 1929. Tinta sobre papel, serie de dibujos y anotaciones en cuaderno que forman parte del ensayo visual publicado en La Révolution surréaliste nº12, dic 1929.

En la segunda Revista del Instituto de Investigaciones Estéticas (FAUNT, 1991), Jorge Figueroa escribió: “La repetición es una función fundamental de lo verosímil. La repetición es casi sinónimo de información, y de este modo adquiere su plenitud con el arte conceptual. Se pretende que el receptor fije y retenga una información. Repetición: reproducción es igual a repetición. Conceptualismo es información, información es repetición”.

El crítico asocia la repetición a la comprensión de la información y al conceptualismo. Pero la repetición no solo informa: además forma. Y creo que ciertas obras apelan a la literalidad, la tautología, en fin, a la reproducción o reiteración por una voluntad netamente pedagógica, para que se “fije y retenga la información”. Aquellxs artistas generalmente piensan al museo como una escuela, a la exposición como una instancia explicativa y al público como un estudiantado (o como un tribunal, quizá). La reiteración facilita y amplifica la asimilación del conocimiento y la aprehensión de las ideas, por eso lxs docentes repiten los contenidos en clase y preguntan: ¿se entiende? ¿quedó claro? Y a veces las metáforas se sedimentan en las paredes. Coincidentemente, hubo un tiempo en que el edificio en que hoy funciona el Museo Provincial fue empleado por el Consejo de Educación (entre 1930-1977) y además de reuniones y capacitaciones, hay registro de que en su sala principal se impartieron clases.

Sala principal del actual Museo Provincial de Bellas Artes funcionando antiguamente como aula. Fotografía sin fecha. Archivo La Gaceta, gentileza de Sebastián Rosso.

Pero me gustaría escribir y detenerme un momento en esto: pocos meses después de premiada SMS, ya en marzo de 2006 el Museo Provincial de Tucumán inauguró una muestra homenaje a Aurelio Salas y en abril de 2008, ahí mismo se hizo una retrospectiva de Ernesto Dumit. En ambas oportunidades el director de Artes Plásticas Alfredo Pécastaing-Guérineau escribió para los respectivos catálogos.

Alfredo Pécastaing-Guérineau leyendo su texto sobre Ernesto Dumit en la apertura de la retrospectiva realizada en el Museo Provincial de Bellas Artes “Timoteo Navarro”, Tucumán, abril 2008. Fotograma de video. Gentileza del archivo de Casa Dumit.

En un enrevesado y volátil tono grandilocuente, Pécastaing-Guérineau escribió: “Su obra que aparentemente se presenta como un alarde de virtuosismo técnico, cala mucho más profundo, llegando en su afán de inquisidor a abarcar las múltiples facetas de lo humano. (…) desplegó una obra sin parangón en la estética de su tiempo. Jugó con su talento, deslumbrándonos, sabiendo que era un don inacabable y único, y lo derramó como semillas entre aquellos que florecieron a su sombra”.

Sin embargo, a la semana de inaugurada la muestra de Dumit, un grupo de artistas autoconvocadxs hizo una presentación formal solicitando la renuncia del director acusándolo de “autoplagio”. Alguien se había percatado de que dos textos idénticos y bajo la misma firma circularon con diferencia de dos años y dedicados a artistas desiguales. Uno dibujante y el otro pintor. En su defensa, el director dijo que “a veces uno escribe tanto que termina repitiéndose. Es un error cometido sin ninguna mala intención. Sí… sí, claro que a eso lo escribí yo. Lo hice sin querer.”

Pécastaing-Guérineau escribió su texto luego de haber vivido el boom de la mensajería instantánea, de haber visto la automatización del procesamiento y almacenamiento de la información con las computadoras, en un momento de fuerte discusión sobre el copyright y la autoría. Pero, sobre todo, luego de haber compartido largas tardes de oficina en que sonaba una y otra vez el ringtone de Prohibido, perforando el habitual silencio del museo y retumbando en sus salas; lo escribió luego de haber visto a Javier recibir el premio Chandon por su obra SMS. No fue un descuido individual sino el síntoma de una época que comienza a ser atravesada por la lógica del reenvío de textos y la economía de energía. Pécastaing-Guérineau copió y pegó su texto, habiendo aprendido que es una operación posible en y para el arte. Mandó a imprimir el mismo elogio de admiración y amistad desmedida para Salas que para Dumit, de igual forma que Javier chatea y reenvía sus caricias artificiales por triplicado y luego las exhibe.

Con esto no estoy diciendo que la escritura de Pécastaing-Guérineau sea voluntariamente apropiacionista o conscientemente conceptual, sino sintomáticamente reiterativa, inconscientemente indisciplinada. Me gusta pensar que aquella transgresión es el efecto del hartazgo que ha inculcado SMS en el director. La letra ácida que deja huella en quien defendió una pedagogía del rigor disciplinar.

Se ha dicho que las obras nos educan cuando permanecen, cuando se mantienen exhibidas por largo rato o cuando elegimos que se hospeden en nuestra retina; de esa forma el arte puede modificar el futuro: al permanecer, al sostenerse en los días. El arte modifica el futuro gradualmente, diríamos, por asimilación y aprendizaje, a lo largo de los años; la política puede torcer el futuro de forma instantánea mediante decretos y leyes.

Para nosotres, en nuestra escena, Tucumán tiene un caso ejemplar de esta manera artística de dar forma al futuro desde el arte y la educación: Taller C. Que ha sabido permanecer, sostenerse en los días y las semanas y los meses y los años y los lustros y las décadas. Sabemos -como recuerda Godard– que hay una norma y existe una excepción. Todes hablan la norma: la cultura, la política, la universidad, los cigarrillos, la televisión, el trabajo y también el ocio, el mientras tanto, el día a día. Taller C es sin duda una excepción. La norma es querer dar fin a la excepción.

La excepción es siempre más débil que la norma. Porque encuentra su fortalecimiento por medio de la repetición, capacidad que define y que pertenece a la norma. La excepción debe investir esa cualidad sin descuidar ni dejar de reinventar su peculiaridad excepcional. No puede sólo repetir, sino identificar lo variable en las constantes. Taller C encuentra su fortaleza al tener una estructura elemental triádica. El triángulo es la figura de mayor estabilidad, aunque en este caso responde a lo inestable de la excepción.

Hoy, en estas semanas y meses y años, la norma (cierta cultura, cierta universidad, cierta política) intenta ablandar la estructura elemental y triangular de Taller C mediante la especulación con cláusulas y decretos, como una voluntad política de desmantelamiento.

Nos toca repensar los modos para incidir en la norma de la cultura, como sucedió con el director de artes plásticas ante SMS. Para ablandar la norma de la cultura ante el arte, y no al revés. Casi como si la excepción pudiera leerse desde el reverso en el espejo de la norma, sin perder su forma.

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