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ISSN 2684-0626

 

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Una ventana íntima por donde mirar la casa

Sobre Orden doméstico, de Sylvina Bach (Gerania Editora, 2025)

“La vida ocurre

entre estos cuatro puntos cardinales:

la infancia,

nuestros padres,

la naturaleza,

este amor tuyo inagotable”.

Lo natural irrumpe en el espacio construido, se va revelando desde la luz exterior, la casa en su orden doméstico se encuentra habitada por lo sanguíneo, lo emotivo, animal, en un recorrido por una geografía caprichosa.

Esa misma luz es la que alumbra los lugares felices, la ideación de una familia, el crecimiento de un hijo, el lugar habitable y la erradicación de la nostalgia. Pero ¿qué sucede en esa erradicación? Hay una nostalgia de la pérdida de la misma, es la poeta que a sabiendas de que la poesía abreva de ese río confuso de la memoria y la nostalgia, quien mira con tristeza el amanecer porque en su claridad borra los cimientos del recuerdo sensible. Es así, que a medida que se desentrañan los poemas, se ve una maduración del yo poético. Sylvina cual nadadora hábil se sumerge en esas aguas y recorre la vida a través de una casa, de un valle, de la familia y del amor, de un hijo.

La poeta dice:

“Dos cosas debes saber del agua:

siempre disimula su potencia,

su superficie hace visible lo invisible”.

En este mismo cauce del recuerdo, se figura el agua como un espejo revelador, la poeta mira correr el tiempo en el agua, la niña que es madre vuelve a la infancia en la figura de su hijo, la dualidad que se presenta en el vínculo padre/hija y madre/hijo, se representa en varias oportunidades y es en ese recurso que el diálogo, prescindiendo del tiempo y del espacio, logra operar en la fibra sensible de la poesía.

En esa emoción encontramos el ligamen paterno, el regreso a la nostalgia, la poeta evoca al padre, su voz modifica la cadencia, se llena de ternura, los miedos infundados que pueblan la infancia se transforman en un monstruo superior que devora los días.

La poeta estremecida nos dice:

Quería saber cómo estabas, papá.

Ya nada es eterno como entonces.

Recuerdo las noches de la música,

los eucaliptus, el mar.

Quería saber cómo estabas, papá.

Ser adulta se siente solitario.

Ya no envejezcas.

El tiempo me asusta

como un monstruo en el placard,

y no basta con cerrar los ojos para que se vaya”

La potencia que tienen las palabras hace que cuando se refiere a la casa no sólo se hable de un espacio construido, sino de todos los lugares en donde transitamos la vida, y es que en la invocación de la casa, también está presente el hogar, el tiempo, la oscuridad, la luz que transita por esta construcción que sirve de marco para que la vida suceda. Al decir casa, decimos también cueva, decimos nido, decimos pájaro, vuelo, aire, cielo, dios.

La poeta, cuando la casa se revela nos dice:

“En todas las casas que habitamos

perdura algo de aquella

primera morada propia;

la que montamos

con mantas y almohadones

en la casa de la abuela.”

Creo que el acierto está en que, como dice el tango, siempre estamos volviendo. En este caso todos los lugares que habitamos regresan a ese primer y efímero refugio que construimos en la infancia, cuando poco sabíamos, pero todo lo imaginábamos. Luego es un reciclaje perfeccionado del hogar paterno y el reflejo propio de nuestra historia para contar en ese planeta que llamamos casa.

Construir una casa con recuerdos, inventariar el orden de las emociones, unir los lazos materiales de lo afectivo, con prolijidad, con devoción como quien escribe una carta para decir aquello que no se puede decir a viva voz, tomándose las manos, sabiéndonos vulnerables.

La poeta nos acerca en un capítulo/poema, lo que quizás es el momento en que con mayor evidencia se revela lo íntimo del poemario. En el poema Carta, a diferencia de lo que sucede en el resto del poemario, se postergan las representaciones naturales, las retóricas del lenguaje y sin facilismos, el disparo poético va directo a la emoción.

Debo decir que a mi parecer en los poemarios íntimos, se produce una metonimia, cuando la poeta define los elementos que componen el paisaje, las estructuras del hogar construido, antes que describir el escenario, se describe a sí misma, entonces la representación es recíproca.

Los lugares que habitamos nos habitan íntimamente, por eso cuando se elige hablar del agua como elemento revelador, o como torrente, se habla también del tiempo que oscila en la historia del gran poema y de los cambios que genera en el poeta como sujeto omnisciente y como personaje central del relato.

El poema como herramienta para captar lo que pasa en la realidad y lo que vislumbramos en lo incierto, nos permite conjeturar sobre el futuro sirviéndonos de las premisas del pasado, de lo aprendido de los padres, de lo repetido a veces sin explicación.

La poeta se confiesa:

“Nada sabemos del futuro.

Sólo yo escucho

esta voz que se repite

en los espacios donde no estás.”

Entre los poemas existe un diálogo, un entramado que se genera como un susurro, hay versos en donde se habla de la voz, otros donde se refiere al silencio, la música que circunda el espacio para embellecer el sonido, la naturaleza que resuena en el rumor del agua que baja por el rio, que cruza un valle y que llega a estos suelos santiagueños para hoy encontrarse con nosotros.

La poeta explica:

“Para quien ha elegido el silencio

la palabra es una herida mortal”

Con ustedes, una querida poeta de nuestro Norte Entero, Sylvina Bach. Disfrutemos de su palabra.

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