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Entrevista a Soledad Martínez Zuccardi, investigadora del campo cultural tucumano

Por Valentina Pucci |

Viernes 30 de octubre de 2020

Estoy aquí para conversar con Soledad Martínez Zuccardi, quien nació en Tucumán en 1978, es Doctora en Letras y se dedica a estudiar la literatura en Tucumán; también es profesora de Literatura Argentina 2 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT e investigadora en el CONICET en el instituto INVELEC, de nuestra facultad. Yo la trato de vos porque ha sido mi directora y sigue siéndolo, en mi formación como licenciada para realizar mi tesina de grado, y es por eso que la tuteo.

-La idea es preguntarte y que conversemos sobre tu trayectoria, como investigadora de la literatura y de la cultura tucumanas, para luego que nos cuentes también sobre tu tesis doctoral, titulada Entre la provincia y el continente. Modernismo y modernización en la Revista de Letras y Ciencias Sociales (Tucumán, 1904-1907), entre otros libros que has publicado. Como toda tesis doctoral, esta parte de investigaciones previas, en este caso a partir de tu tesina de grado, ¿me querés contar sobre ella y cómo te acercaste a este tema de las revistas tucumanas de principios de siglo?

-Empecé a investigar este tema cuando estaba terminando la carrera de letras, cursando la licenciatura, y quería trabajar en un tema que estuviera vinculado con Tucumán, y al mismo tiempo sabía que enfoque quería porque sabía que no quería trabajar un texto o un autor sino un grupo o una revista cultural, y en eso ha influido mucho desde luego mi directora que era Victoria Cohen Imach, que ha sido fundamental en mi formación ella me acuerdo que había dado en el grado dos optativas una se llamó “Los años 60 en Argentina: literatura, política y sociedad”, donde estudiamos mucho el campo intelectual de los 60 en Argentina: leíamos novelas pero sobre todo textos situados en un contexto, porque el objeto principal era estudiar el campo intelectual, las relaciones entre los distintos agentes que componen el campo. Después otra optativa que dictó era sobre la revista Crisis, esa revista emblemática de los años 70 que dirigía Eduardo Galeano, y bueno me encantó estudiarla, fue una revista maravillosa. Y me gustó mucho estudiar revistas, pensar la literatura desde ese lado, ¿no?, a partir de esos objetos. Y al mismo tiempo quería hacer una tesis dedicada a la cultura de Tucumán, porque en ese momento del que estamos hablando, si me pongo a pensar ya son 20 años, porque yo estaba terminando la carrera en el año 2000 y empecé a fines del 2000 el tema de la tesis con Victoria, y bueno yo fui con estos planteos: que quería trabajar desde ese enfoque, desde el enfoque que se conoce como la sociología de la cultura, y que no quería trabajar un texto en particular, un autor en particular, sino que quería trabajar relaciones, grupos campos intelectuales y quería trabajar Tucumán. Me parece que en ese momento yo pensaba en algo más contemporáneo, nunca pensé en ponerme a investigar una revista de comienzos del siglo 20, que fue la Revista de Letras y Ciencias Sociales[1], por la que empecé a investigar estos temas. Recuerdo que Victoria me recomendó: «hay una revista que nombran en un estudio sobre revistas hispanoamericanas, una revista modernista de Tucumán de comienzos del siglo 20, que me parece interesante el dato». Ella tampoco conocía nada de la revista, solamente había leído este dato. Y bueno, así empecé. Además en ese momento no había como ahora en la facultad una materia como Literatura del Noa, además se están incorporando en distintas materias textos de autores tucumanos y a la vez se están editando muchos libros vinculados a ella. También se están reeditando obras de poetas y de autores importantes, y hay más tesinas de licenciatura se están dedicando a estos temas, como la tuya propia dedicada a Juan José Hernández, pero en ese momento yo sentía que había un vacío en esos temas. Sí había estudios específicos importantes, como el de David Lagmánovich, el de Emilio Carilla, el del profesor Billone; después también de Nilda Flawiá, y después más tarde de Liliana Massara, es decir, encontraba a veces estudios muy puntuales o breves sobre algún autor, o sobre algún texto, pero lo que me parecía a mí que faltaba eran estudios –aunque eso me parece que lo fui descubriendo después, ya con la tesis– que pensaran en procesos, porque a mí lo que me interesaba era pensar todo eso junto y enmarcarlo en un proceso, en un proceso literario ligado a un proceso social, y eso es lo que sentía yo, que quería construir un relato. Eso me pasó después en la tesis, pero me estoy adelantando, porque eso es de la tesis doctoral. 

… Y tu pregunta iba por la tesina. Entonces empecé con la tesis de licenciatura a estudiar esta revista, que se llama Revista de Letras…, que se publicó en Tucumán entre 1904 y 1907 y que la dirigió Ricardo Jaimes Freyre, que era un poeta modernista de origen boliviano, que recaló en Tucumán de pura casualidad en 1901 y se quedó a vivir por 20 años. Él era una figura que venía ya con un brillo por su amistad con Rubén Darío, por ejemplo, había hecho una revista con él, la Revista de América, era una figura prominente del modernismo. Y bueno recala acá, y rápidamente lo rodean los jóvenes con inquietudes literarias y de ahí surge esta revista, que la hace con Juan B. Terán, que en ese momento era muy joven, tenía unos 20 años y Julio López Mañán, amigo y pariente de Terán, los dos de la elite tucumana. Entonces de ahí surge esta revista, que fue, la verdad, una revista excepcional. Pensemos que comienza a publicarse en 1904 en Tucumán y que circula por toda América y en Europa, y que publicaban a los principales poetas modernistas del momento, como Rubén Darío, Lugones, José Juan Tablada, Amado Nervo entre otros, también escritores españoles como Miguel de Unamuno.

-¿O sea que es una revista que no tuvo antecedentes en Tucumán? ¿Se podría decir que es la primera revista de cultura y de ciencias que se editó desde aquí?

No me atrevería a decir que es la primera, siempre es difícil decir cuál es la primera porque después vas investigando y descubriendo que hubo otros casos, lo que sí podría decir es que, bueno, había periodismo cultural desde antes, desde fines de la década de 1880, a partir de la Sociedad Sarmiento, El Porvenir y después Tucumán literario, que inauguran el periodismo cultural en Tucumán. Estaban esos antecedentes, pero así de la importancia y de la envergadura de esta revista, que verdaderamente tenía un proyecto orgánico y que publicó sistemáticamente todos los meses, con una frecuencia mensual durante tres años y pico, y que llegó casi a los 40 números y de una calidad extraordinaria ¿no? Porque además consolida al grupo que después va a fundar la Universidad Nacional de Tucumán. La idea de la universidad surge de la revista, y la revista funciona como un ámbito de estudio cuando todavía no había universidad, porque traduce, porque publica documentos históricos, porque habla también sobre la ciencia, sobre el método científico, y porque sobre todo tiene un afán de actualizar al mismo tiempo, de actualizar al propio grupo y al público lector. 

-Es decir, de tomarse seriamente al lector y a la escritura, empezar a sentar las bases del método científico de la investigación, preguntarse por ello, y del trabajo con la palabra también.

Exactamente, sí, porque lo que yo pienso es que tiene dos grandes proyectos: un proyecto más literario de contribuir a la formación de la literatura americana, así la llaman en la revista, y por otro lado un proyecto más científico, en el que está sobre todo Terán y López Mañán, de estimular el desarrollo de la ciencia. Pero te decía también, es una revista con una mirada internacionalista muy interesante, y con ese afán de actualizar, de la novedad, que es tan propio de la modernidad. Y tenía, por ejemplo, una sección que era de traducciones; se llamaba “Cuentos exóticos” la sección, y traducían cuentos rusos, checos, japoneses, tibetanos. La verdad que me hubiera gustado mucho, aunque daría para otro trabajo, pensar la historia de la traducción literaria en Tucumán. Y eso sin duda que es mérito de Jaimes Freyre, con la colaboración del grupo. Esas traducciones estaban firmadas con iniciales. Eso es algo que dejé en su momento asentado puntualmente, para investigarlo en otro momento, averiguar quiénes eran los que hacían esas traducciones. Seguramente había otros escritores de otros lugares que colaboraban con sus traducciones. Y lo fundamental es haber consolidado este grupo, porque yo creo que una de las cosas más interesantes de las revistas es que son un espacio de vida, quizás lo más importante de la revista es el grupo. Noé Jitrik tiene una frase sobre esto, sobre «el placer del colectivo» dice él. Muchas veces por qué se hace una revista, por ese placer, por esas «tenidas diarias», así lo dice Jaimes Freyre en una carta muy linda que está inédita, que publiqué una parte en la tesina y después en la tesis doctoral, me la prestó Elena Perilli de Colombres Garmendia. Es una carta que le escribe Jaimes Freyre a López Mañán, pero mucho tiempo después, alrededor de 1912, donde dice: “qué lejos quedan aquellas tenidas diarias de la hospitalaria redacción de la revista”. Esa palabra me suena muy arcaica, pero es eso ¿no? esas “tenidas diarias” y la…

-… sociabilidad, el congeniar con los pares.

-Claro, que alimenta tanto la vida intelectual y como un espacio también de contención, de afinidad, en un Tucumán que recién estaba convirtiéndose en una ciudad moderna, que comenzaba a serlo.

-En ese sentido, quería preguntarte, si vos te imaginabas que al tomar este tema en tu tesina de grado ibas a entrar en un tema tan potente en cuanto a decir que este grupo visionario, que ha terminado creando una universidad nacional, y a la vez privilegiado, porque desde un punto de vista sociológico se puede ver que es un grupo con una visión de clase, que surge en condiciones óptimas económicamente. ¿Estás de acuerdo con eso, en cuanto a la configuración del campo intelectual en Tucumán?

Desde luego, sí, eran un grupo de elite, de eso no hay duda, pero al mismo tiempo había una voluntad de apertura, no era una elite cerrada, porque si te pones a pensar había lo que podríamos llamar familias tradicionales de Tucumán, como Terán o estaba Alberto Rougés, estaba Ernesto Padilla colaborando, que no escribe pero que colabora económicamente con la revista, además muchos eran dueños de ingenios, no solo formaban parte de una elite social sino que tenían el poder económico, y además tenían el poder político. Era un grupo que concentraba el poder económico, político y cultural de la provincia, pero al mismo tiempo con una conciencia cultural que creo que es lo que los distingue, una conciencia cultural muy fuerte, un afán de organizar institucionalmente la cultura de Tucumán. Y al mismo tiempo, abierto, por ejemplo Jaimes Freyre es lo que Ángel Rama llama un «inmigrante intelectual», porque en realidad él va migrando, pasa su infancia entre Bolivia y Perú, después vive en buenos aires, no y después recala en Tucumán. y si bien él también era de una familia tradicional, por decirlo de algún modo, de Bolivia y de Perú, por ejemplo su mamá era Carolina Freyre de Jaimes que era una escritora, también que ha estado muy vinculada al grupo de Juana manuela Gorriti, por eso es muy interesante la procedencia de Jaimes Freyre. Pero no tiene ningún tipo de poder económico, por ejemplo y al mismo tiempo en ese tiempo una figura importante era Miguel Lillo, y él tenía un origen modesto. Pero de todas maneras eso no quiere decir que no fuera un grupo de elite, como te digo, concentraba los distintos ámbitos de la vida pública de Tucumán.

-¿Se podría decir que las revistas vendrían a ser un vehículo de reunión, de reflexión y de afianzamiento de los vínculos, por un lado, y también de la literatura y de su divulgación? Y si cada proyecto tenía su visión, ¿me podrías sintetizar el perfil de cada uno?

-No sé si vehículo es una palabra que les cabría a todos los grupos, pero sí, porque por un lado, querían intervenir en distintos sentidos y además en distintos momentos de la historia literaria y cultural de Tucumán. Puede decirse que eran vehículos de proyectos intelectuales, literarios de carácter colectivo, y también laboratorios estéticos, laboratorios ideológicos y de escritura, esa es una frase de Beatriz Sarlo que me gusta para definir las revistas. Y también, como te decía antes, espacios de sociabilidad, espacios de vida, de contacto diario, de conformación de grupos. En cuanto a la otra pregunta que me hacés, de cómo me sintetizaría cada proyecto. Yo intenté, después de trabajar la Revista de Letras, seguir estudiando las revistas Sustancia, Cántico y el grupo La Carpa, que este último no publicó revistas, sino unas publicaciones que eran boletines de ocho páginas más o menos, que tenían adosados de alguna manera un libro. En realidad lo que publican ellos les llaman cuadernos que tienen boletines. Ellos dicen que publicaban boletines y que cada boletín tenía un libro, pero no nosotros lo primero que vemos es el libro y después los boletines, entonces era como una especie de periódico de ocho paginitas donde había noticias de las actividades de cada uno, etc. Pero eso lo hacen con relativa sistematicidad, y lo publican así de modo periódico, durante 1944, y eso da lugar a confusiones, porque en algunos estudios se dice que publican una revista, pero bueno ni publicó una revista «La Carpa» sino que son estos cuadernos y boletines. 

Respecto de la síntesis sobre cada uno, yo he tratado de pensarlos también como puntos de inflexión, de pensar que cada uno de estos proyectos significaba un punto de inflexión significativo para la cultura y para el desenvolvimiento de la cultura de Tucumán. Por ejemplo, la Revista de Letras como revista pionera no, que tiene un afán de organizar institucionalmente la cultura de Tucumán y que en ese sentido puede pensarse que tiene un afán de crear, sin lo decimos en términos de hoy, de la sociología de la cultura de Bourdieu, en crear un campo intelectual pero muy incipiente, pero en articular las instituciones que ya existían, y en también en pensar en instituciones nuevas, como la universidad que se estaba proyectando también en ese momento, y vincular todo eso, y formar y la voluntad de crear un centro intelectual propio, ellos le llaman un «centro propio de desenvolvimiento intelectual», así le llaman en la revista. Entonces está ese afán, es una revista fundacional. Y al mismo tiempo tiene una impronta tan fuerte, esa revista que muchos años después, en 1939, cuando comienza a publicarse la revista Sustancia, que se publica regularmente hasta 1943, quiere recuperar un poco esa tradición prestigiosa y célebre digamos, y se crea una revista que en muchos aspectos quiere emular a la Revista de Letras. Y de modo contemporáneo a Sustancia surgen otros proyectos, diferentes y alternativos, como Cantico y La Carpa, que renuevan el modo de hacer literatura y cultura en Tucumán. Son proyectos más independientes, sobre todo La Carpa, que no pertenecen a los sectores de lite y no se amparan en instituciones oficiales. Entonces en la década del 40, cuando se está publicando la revista Sustancia, ya tenemos un campo intelectual más complejo, diversificado: existe la Facultad de FFyL, que se había creado como departamento en el 36, y en el 39 se convierte en facultad. Además, desde Sustancia se pretende hacer esta suerte de recuperación de la tradición cultural, de esa tradición prestigiosa de la revista de Letras. En muchos puntos logra identificarse con ese proyecto fundacional, pero decía que, en la misma época en que se está publicando Sustancia, surgen propuestas alternativas, y una es la revista Cántico, y otra es el grupo La Carpa, que son casi paralelos, Cántico se publica al mismo tiempo que se está publicando Sustancia, conviven los dos y La Carpa y sus Cuadernos se publican en el 44 y hasta el 43 se había publicado Sustancia. Y, como te decía, son propuestas alternativas porque por ejemplo Cántico es una revista muy interesante, muy cortita, tres números que se publican entre agosto y diciembre de 1940. La dirige Marcos Morínigo, que era profesor de literatura en la Facultad, en la flamante Facultad de Filosofía y Letras, y él tenía la propuesta de hacer una revista de un tono completamente diferente al de la Revista de Letras o al de Sustancia, porque era una revista específicamente de poesía, y de poesía de provincia y de jóvenes de provincia. Lo que quería era difundir a los poetas jóvenes. Entonces, como profesor de literatura, de alguna manera advierte talentos entre sus alumnos, como Guillermo Orce Remis o a Leda Valladares, por ejemplo, que luego van a ser figuras muy importantes. Leda Valladares fue una figura de proyección internacional, pero más conocida por el lado de la recopilación folklórica musical que como poeta. Pero ella comenzó publicando poesía, era muy jovencita, debe haber tenido 19 años cuando la publica Morínigo en Cántico. Y también publica a otros ya no de Tucumán, como Alfonso Sola González, que integró la llamada generación del 40, y María Adela Agudo, una poeta santiagueña que después va a formar parte del grupo La Carpa. Estos son los cuatro poetas que llega a publicar porque, como te digo, publica muy poquito, tres números nada más, pero la revista era muy interesante porque era muy especializada. Por un lado porque era especializada en poesía y quería difundir las voces de poetas jóvenes, de provincias, que en realidad eran totalmente desconocidos, publican por primera vez en Cántico. Y porque al mismo tiempo exige algunos ensayos, breves, de mucha especialización en la crítica literaria. Va bregando por una literatura practicada en serio, consciente del oficio, con mucha especialización. Por ejemplo, critica mucho los resultados de un concurso literario porque considera que el jurado de ese concurso no era especializado, porque eran algunas figuras señeras de Tucumán que se ponían siempre como jurado de este tipo de concursos, muy ligadas a la cultura oficial. Entonces Morínigo exige especialización en la crítica, y para buscar las obras, le molesta mucho que se confunda la crítica con la cortesía, que esta sea cortés con respecto a un libro, cuando en realidad lo que se requiere es rigor y especificidad para la práctica literaria y para la práctica de la crítica también. También va a abogar por combatir la figura del poeta aficionado, algo que es también muy interesante, la figura del Poetastro Cursilón como se lo llama en la revista, que encarnaba el escritor de esa poesía ñoña, cursi, ingenua, carente de lecturas. Y es también interesante porque es una figura de afuera (Morínigo), que viene con esa mirada crítica, que viene con esa mirada crítica que despliega con desenvolvimiento en la vida literaria, entonces renueva bastante las miradas y eso también da pie a la consolidación de la moderna figura del escritor. Es decir, la idea del escritor consciente del oficio, profesional, que, por más que no pueda vivir de la literatura, piensa la literatura como una actividad, como una ocupación central a la que dedica la vida, como lo va a considerar su generación y es lo que logran los poetas de La Carpa. Sí, me estabas por preguntar…

-Estaba siguiendo tu reflexión y notaba que había una diferencia entre los dos primeros grupos, entre los de la Revista de Letras y Sustancia, por un lado, y Cántico y La Carpa por otro. Los dos últimos se habrían especializado en literatura, en profesionalizar la crítica y la escritura sobre y de literatura, y la divulgación de sus textos y obras, mientras que los dos primeros son más amplios en disciplinas y tienen un punto en común en cuanto a conexiones en Latinoamérica, lograron que se publiquen autores y textos de escritores de otros puntos del país pero también de América y de Europa.

-Sí, eso es notable en Sustancia, si bien tiene sus fallas, por decirlo de alguna manera, algunas debilidades, desde mi punto de vista en cuanto a lo literario. Por eso surge la necesidad de Morínigo, que formaba parte del staff de Sustancia, de crear su propia revista específicamente literaria. Y también tenía otras cosas notables Sustancia, como por ejemplo el proyecto filosófico de la revista, que era de una calidad increíble y en eso logra números extraordinarios. Por ejemplo, publica la primera traducción al español de un texto de Heidegger. Así se va haciendo conocida internacionalmente por esos materiales filosóficos. Y después tiene un número exclusivamente dedicado a Bergson, cuando se muere, que incluye estudios de especialistas de universidades de Europa, de distintos lugares de América, y de Buenos Aires, en un momento de constitución del campo de la filosofía en Argentina, a partir de la década del 30. Ese número es importantísimo y lo piden mucho. Yo he podido leer las cartas, que, como vos mencionabas, sí, toda la comunicación era a través de cartas. He podido leer la correspondencia enorme de Alfredo Coviello, la he podido consultar en su casa, gracias a su hijo. Coviello se carteaba con gente de todo el mundo, porque a la vez oficiaba no como director, pero sí hacía las veces de director de La Gaceta de Tucumán, y en ese momento a la vez que dirigía la revista. Tiene cartas con periodistas, con intelectuales, con figuras de universidades de distintos lugares del mundo. Hasta quería publicar un texto de Einstein en su momento. Y bueno esas cartas son interesantes y ahí se va viendo cómo se va armando el número. Entonces en el caso de la filosofía sí, yo te diría que es notable la envergadura que logra ese proyecto filosófico de Sustancia, que al no ser yo filósofa no podía estudiar de modo específico, pero me alegró mucho saber que después hubo quienes lo han estudiado. Por ejemplo Jimena Sosa, que es una flamante doctora en Filosofía, estudió específicamente la cuestión de la filosofía en Sustancia. Sé que Nicolás Zavadiker está interesado en ese costado filosófico de la revista, sobre el que me parece que hay mucho para decir aún. Pero sí, es como vos decís, eran revistas, tanto Sustancia como la Revista de Letras, muy amplias desde un punto de vista disciplinario. Si bien tienen en su interior mucha especialización, ya sea en lo literario en el caso de la Revista de Letras, o en lo filosófico en el caso de Sustancia, así como también en la folklorología. Pero los proyectos de Cántico y de La Carpa son proyectos eminentemente literarios. Sin duda que contribuyen a la consolidación de la figura moderna del escritor, en este caso.

-Me hablabas antes de las figuras, quería preguntarte en el sentido metodológico, porque he notado que el trabajo con las vidas de ellos, la reconstrucción de sus trayectorias es bien fino y les concedés un peso y una importancia, un respeto a ellos como personas, por eso quería saber cómo hiciste para organizar sus trayectorias biográficas y por otro lado cómo es trabajar con estas fuentes literarias e históricas como las revistas, si es difícil encontrarlas y consultarlas, cómo es trabajar con este objeto.

-Es arduo porque son tomos y tomos y además porque involucra a una cantidad de actores, de cuestiones y datos, pero es un trabajo que he disfrutado muchísimo de hacer. No sé si hoy encararía una investigación a partir de revistas, pero justamente por lo arduo del trabajo y al mismo tiempo muy placentero, porque vas descubriendo esos hallazgos que son una felicidad para el investigador, cuando vas encontrando las conexiones y el porqué de algunas cosas, cuando vas descubriendo, por ejemplo, esas cartas. Han sido fundamentales para mí porque la dimensión de lo vivido, que es lo que vos me decís a partir de la reconstrucción de las trayectorias intelectuales, para mí es fundamental. Porque la revista tiene eso, están ahí plasmados los deseos, los proyectos, los anhelos de ese conjunto de personas que se articulan alrededor de una revista. 

Conseguir las revistas ha sido no tan complicado, en parte. Pero siempre había un número inhallable. La Revista de Letras está en la Facultad de FFYLL de la UNT, en la Hemeroteca está casi completa. Sólo falta un número que sí me costó muchísimo conseguir, que era el último número, un número triple y justo el número final, que no lo conseguía en ningún lado y lo terminé encontrando en la casa del nieto de Juan B. Terán, que conservaba un ejemplar. Pero la revista también está en la Biblioteca del Congreso, en Buenos Aires, y en la Biblioteca Nacional, que también tiene una colección completa, pero sin ese número final. La revista Sustancia está completa porque Coviello se encargó de que estuviera en muchas bibliotecas, como ser en la Hemeroteca de FFyL y en la de la provincia de Tucumán, la que se llama justamente Alfredo Coviello. Y en muchas bibliotecas particulares se han encontrado ejemplares de la revista Sustancia. De Cántico, por ejemplo, solo había dos números nada más en la facultad de FFyL de la UNT, y eso que Morínigo ha sido como te digo profesor en la facultad, pero solamente había dos números, el dos y el tres. Me faltaba el número uno, que es fundamental para una revista. Lo conseguí por suerte en el Instituto de Literatura Argentina de la UBA, ahí estaba solamente el número 1 y no estaban el 2 y el 3 por ejemplo. Ahí logré armar la colección completa.

-Ese debe haber sido un momento especial para vos…

-Sí, una felicidad, poder encontrar y completar la colección. En el caso de los boletines de La Carpa, están algunos en la facultad y otros que no he encontrado. Encontré algo gracias a algunos integrantes del grupo que entrevisté en su momento, todavía estaban vivos dos integrantes del grupo: Raúl Aráoz Anzoátegui, de Salta, y Julio Ardiles Gray,  un tucumano que vivía en Buenos Aires. Los pude entrevistar en Salta y en Buenos Aires. Y ellos me prestaron, sobre todo Anzoátegui, una serie de recortes que tenía, biblioratos, de notas que salían en distintos diarios, de Salta, Jujuy, Buenos Aires y Tucumán. La he podido consultar, y eso me ha ayudado muchísimo, esas notas periodísticas que son del 43, del 44, del momento en que surgía La Carpa. Entonces yo sabía cuándo había estado en Tucumán por ejemplo Raúl Aráoz, a partir de esas notas conservadas. Y después encontrar las cartas ha sido también un hallazgo importantísimo. Como te digo, esa carta que me prestaron ha sido muy importante, una que Ricardo Jaimes Freyre le escribe a Julio López Mañán, donde él habla justamente de ese placer que significaba la experiencia cotidiana de encontrarse y de reunirse en torno de la redacción de la revista. Después, toda la correspondencia de Coviello ha sido fundamental, sobre todo para poder entender cómo ha ido armando ese proyecto. Y después también en la correspondencia publicada que muy interesante, que son cartas que se intercambian Alberto Rougés con Ernesto Padilla, donde hablan de Sustancia, de Coviello; también hay cartas dirigidas a él, también hablan de Cántico, hablan de por ejemplo en mención a Leda Valladares, «quisiera conocer los poemas a la señorita Valladares». Intercambian información con cierta complicidad, lo critican a Coviello por ejemplo. Entonces también trabajar con la correspondencia ha sido muy importante, y también, como te decía, con las notas conservadas en el diario La Gaceta, porque ahí encontraba notas necrológicas, comentarios o participaciones de las distintas figuras en distintos eventos, o cómo era la recepción que La Gaceta hacía de la revista Cántico, por ejemplo. Eso también ha sido un trabajo que me ha gustado hacer, rastrear entre los papeles viejos.

Y en las vidas de ellos… Porque claro el archivo de La Gaceta es muy importante porque este diario ha sido también contemporáneo como institución periodística. Como vos contás en el libro, Germán García Hamilton ha formado parte de la Revista de Letras, mientras creaba el diario.

Claro, el diario se crea después, pero sí, Germán García Hamilton, hermano de Alberto, quien fue el fundador de La Gaceta. Germán colaboró en la Revista de Letras y después Coviello, mientras hacía la revista Sustancia, prácticamente dirigía la Gaceta, tenía un rol muy importante allí, figuraba como codirector pero hacía las veces de director. 

Es decir que hizo su carrera en el diario y paralelamente creando su propia revista.

Exactamente, sí.

-¿Y tuviste que hacer muchas entrevistas a lectores o a familiares, para reconstruir las trayectorias de los protagonistas?

-Claro, a descendientes sí, como te digo, gracias al nieto de Terán pude tener el último número de la revista, pero no realicé entrevistas a lectores. Una entrevista que ha sido para mí muy importante han sido entrevistas como te cuento las que le hice a Raúl Aráoz Anzoátegui, a Julio Ardiles Gray de la Carpa, y después entrevistas que fue muy importante para mí fue la que le hice a David Lagmánovich sobre Morínigo, porque la figura de él es importante, una figura que estuvo poco acá en Tucumán, porque a él lo dejan cesante en el 46, y había llegado en el 39, entonces está unos cinco años, nada más Morínigo y no tenía mucha información sobre él, entonces sobre el significado de Morínigo de las clases de él, me habló mucho, en una entrevista que para mí ha sido muy valiosa, y también sobre Galán, porque lo admiraba mucho a Raúl Galán, entonces y lo conoció y es una figura que ha sido importante. Las cartas también han sido muy importantes para poder recuperar esa dimensión de lo vivido, como te digo. De cómo sentían los proyectos, de cómo pensaban, y en ese sentido las cartas que han sido todo un hallazgo y que me han servido para pensar La Carpa son las cartas de María Adela Agudo, 22 cartas que se conservaron, que ella le enviaba a Nicandro Pereyra. Dos de las cartas comienzan en el año 43, justo el momento en el que están armando el proyecto, también María Adela Agudo en Santiago armando su propia revista, entonces en las cartas hablan sobre la facultad, sobre las organizaciones, María Adela le dice si va a poder ir o no a Tucumán y comenta las últimas publicaciones de La Carpa y sobre todo habla de la poesía de las lecturas comunes también de sus ideales poéticos, entonces esas cartas han sido fundamentales. Que las conseguí creo que gracias al profesor Billone, porque él me contó de la existencia de una sobrina de Nicandro Pereyra que yo no conocía, que es Vicky Chicarini. Entonces me contacté con ella y me dio una copia de las cartas, y después a los originales manuscritos me los mandó escaneados el hijo de Nicandro Pereyra desde Buenos Aires. Y así, con EDUNSE, la editorial de Santiago del Estero, publicamos las cartas María Adela Agudo a Nicandro Pereyra en la doble versión de la transcripción y también la edición facsimilar, manuscrita de María Adela. Sí, todo ese tipo de material de archivo ha sido muy muy valioso para que pueda hacer el trabajo.

-Y qué bueno que has podido acceder a ellas, que los familiares las conserven y que también permiten que se las consulte, porque también puede pasar que pueda haber resistencia me imagino al ser algo de la vida privada pero a la vez eran figuras importantes para la cultura, entonces, era importante conocer sobre sus vidas…

-Seguro. Sí, bueno la correspondencia de Coviello también en ese sentido es bastante profesional, no vas a encontrar demasiado de la vida privada. Las cartas de María Adela Agudo en cambio no, porque como que ahí ella está construyendo su subjetividad claramente. Algunas cartas son muy hermosas, y son cartas muy personales y privadas.

-Mi última pregunta en realidad quiere apuntar a la importancia también dentro del mapa de estas revistas, como se conectan con otras instituciones de la época como la Sociedad Sarmiento, como la Universidad, como fundamental para ellos como intelectuales. Y si algunos de estos continúan hasta el presente o cuáles huellas crees que quedaron hasta el presente.

Como vos lo has dicho, la Universidad es fundamental. La Sociedad Sarmiento te diría sobre todo para el caso de la Revista de Letras. Sin duda la Sociedad ha sido fundamental cuando se creó en 1882, importantísima como articuladora de la vida intelectual de Tucumán. Y en la época de la revista, a comienzos del siglo XX también. Después bueno quizás la impronta de la Sociedad ya viene a ser compartida con otras instituciones que van ganando mayor peso como el caso de la universidad, ya en la época de Sustancia. Y sí, es fundamental para este segundo momento desde la década del 40, y fines de esta década, la creación de la Facultad de FFYLL, porque sabemos que de ahí se nutre muchísimo tanto Cántico, como Sustancia, y además por los pasillos de la facultad transitan un montón de los integrantes de La Carpa. Bueno, muchos fueron alumnos de la carrera de Letras, pero otros merodeaban, no hacen la carrera, como Nicandro Pereyra, porque le interesaban las clases. Una clase en la facultad de FFYLL era todo un acontecimiento en esa época. Que se dictaban en el colegio Nacional, porque en esa época no tenía edificio propio, y se dictaban las clases en el colegio Nacional a la tarde, cuando se terminaba de cursar. Esos pasillos eran los que transitaban en los 40; ahí es donde entre sí muchos de los integrantes de La Carpa. Ardiles Gray era otro que merodeaba por ahí; Raúl Galán y Sara San Martín también cursaban la carrera de Letras. Entonces ese era un espacio en el que se conocen muchos de los integrantes del grupo La Carpa. Y después se van conectando con las figuras radicadas en otras provincias. Entonces sí, la Sociedad Sarmiento, específicamente la Facultad de FFyL, son instituciones fundamentales para este recorrido por un proceso cultural del que estamos hablando. Y en el presente la Facultad sigue apoyando la actividad literaria, publicando la obra de escritores de Tucumán, por ejemplo.

También en cuanto a qué pervive en el presente sabes que pienso, que por ahí lo veo en algunos proyectos actuales, donde pienso más en una modalidad de trabajo, por ejemplo, pienso en el modo de editar que tiene La Carpa, que es algo que veo en algunos proyectos editoriales independientes del Tucumán de hoy, que me evocan de alguna manera ese modo de trabajar. Por ejemplo, podríamos decir que la Carpa es la primera editorial independiente específicamente de literatura, de y desde Tucumán, porque había ediciones universitarias, había muchas ediciones oficiales, pero así como una editorial pensada como una editorial que publica específicamente textos literarios. O había muchísimo en el caso de la poesía ediciones de autor, simplemente. Entonces La Carpa piensa con mucha seriedad la tarea de editar, que era algo que disfrutaban y que lo hacían entre todos, porque era un grupo de amigos que amaban la poesía no y que se juntaban y querían publicar textos. Imprimían los libros les fiaban muchas veces, o conseguían el dinero vendiendo bonos para libros futuros entre los profesores de la facultad. Y eso que me parece que lo escuché ahora, que también están haciendo algunas editoriales ahora. Y bueno además les fiaban en las imprentas, o entre todos cosían los ejemplares. Por otro lado, a los amigos artistas que les pedían el arte de tapa, además se tomaban con tanta seriedad la tarea de editar que ellos consiguen tipografías especiales. Porque cuenta por ejemplo Ardiles Gray que no había en ese momento en Tucumán tipografías que son propias de libros, no, de textos de literatura como por ejemplo la letra Garamond, ellos traen y compran lotes de Garamond para hacer un trabajo muy muy fino de imprenta, que era algo que supervisaba sobre todo Galán, que según los testimonios, era uno de los más empecinados en que todas las ediciones salieran con mucha calidad.

Porque al mismo tiempo lo hacían de un modo independiente, lo hacían con muy escasos recursos y a la vez con mucha seriedad y mucha pasión, muchas ganas, y con amor, porque cosían artesanalmente los pliegos, procurando siempre que  sean ediciones de calidad. Son hermosas las ediciones de La Carpa, porque comienzan con dibujos de artistas amigos y de artistas importantes que recalan en Tucumán como Lajos Szalay,  por ejemplo. Son todas ediciones ilustradas, con mucho aire y espacio para la publicación de poesía, en un papel de muy buena calidad. Y en un modo de organizarse y de pensarse que hoy, me parece que hay muchas editoriales independientes en este momento en Tucumán, algunas me parecen muy interesantes. Me parece que hay un modo de trabajar así, un modo grupal y de organizarse colectivamente, y además de encontrar en el grupo una suerte de identidad colectiva que es algo que ayuda sin duda a cobrar la identidad de escritor, a asumirse como escritores. Es algo que yo creo que muchos poetas de La Carpa lo hicieron también por esa instancia colectiva de apoyo mutuo y de reconocimiento mutuo. Entonces encontraron verdaderamente una identidad a partir de esos lazos con los demás.

-Era muy importante para ellos encontrarse y unirse para poder asumirse identitariamente como escritores…

-Claro, proclamarse como poetas, como “primeros poetas del norte argentino”, como dicen en su texto inaugural, que con ellos comienza en esta parte del país la poesía. Esa es una declaración muy de juventud y muy de grupo, me parece, entonces esa fuerza con que La Carpa proclama una identidad colectiva y una identidad poética y también regional y una posición ética, estética y política, es decir,  la fuerza con la que lo hace este grupo también explica de algún modo el hecho de que haya un antes y un después de la carpa fuera de la literatura de Tucumán y del Noroeste. 

Es muy interesante el tema y da para seguir indagando en cada grupo y la particularidad de cada figura, de los protagonistas. Podemos tomar conciencia al leer tu trabajo de la importancia de esta necesidad de organización y de reunión y de la visión que cada uno tenía en su contexto y su momento histórico, en su relación con la época que les toca, por ejemplo en cuanto al positivismo tardío respecto de Europa, que les da un impulso que lleva nada menos que a la creación de una universidad. Por eso pienso que sería muy valioso continuar esta charla en otra oportunidad.

-Así es… Te agradezco la lectura atenta del libro, y un placer hablar con vos.


El libro En busca de un campo cultural propio. Literatura, vida intelectual y revistas culturales en Tucumán (1904-1944) se puede conseguir en las siguientes librerías: “Libro de Oro” (Corrientes 532, San Miguel de Tucumán) y “Librería Manfredo” de la Facultad de Filosofía y Letras (UNT) (sitio web: https://www.facebook.com/Libreria-Manfredo-455910974790407/).

Y también en el sitio de Ediciones Corregidor, https://www.corregidor.com/.

Otros títulos de su autoría son:

  • Entre la provincia y el continente. Modernismo y modernización en la Revista de Letras y Ciencias Sociales (Tucumán, 1904-1907) (2005).
  • Cartas a Nicandro. 1943-1948 (2015)
  • La Carpa. Cuadernos y boletines de 1944 (en prensa).

[1] A partir de aquí se la mencionará como Revista de Letras.

6 respuestas a “Entrevista a Soledad Martínez Zuccardi, investigadora del campo cultural tucumano”

  1. Santiago Garrido dice:

    Hola Valentina, que alegría me dio leer tu entrevista a Soledad, amiga e intelegente investigadora. Te felicitito por tu interés por la historia de la cutura de Tucumán. Un abrazo.

    • Valentina Pucci dice:

      Hola Santiago, muchas gracias!! Me alegro de que te haya gustado la entrevista. Es muy valioso el libro de Soledad para conocer esa historia cultural reciente, que nos precede. Abrazos!

  2. Rogelio Ramos Signes dice:

    ¡Excelente! Un trabajo magnífico.

  3. Violeta dice:

    Me encantó la entrevista, muy ilustrativa, amplia y profunda a la vez. Felicitaciones Valentina y Soledad.

    • Valentina Pucci dice:

      ¡Muchas gracias, Violeta! Qué alegría que haya gustado!

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