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Impetraciones y Plegarias

Por Cecilia Vega |

Durante el año pasado viajé varias veces a Aconquija, Catamarca, a trabajar escribiendo para una residencia artística llamada Raíces. A pesar de haber vivido toda mi vida en Tucumán, hasta hace muy poco no había logrado conectar de manera profunda con el paisaje que nos rodea, pero el contacto con Aconquija, su gente, su historia y la oportunidad de pensar y escribir sobre los procesos artísticos que se llevaron a cabo en ese lugar, me permitieron acercarme de otra manera.

Coincidió con el llamado de noviembre un acontecimiento muy importante para la comunidad diaguita de Aconquija: la recuperación de los restos de un ancestro que habían sido removidos de su lugar de descanso y cuya devolución la comunidad venía solicitando hace años. El grupo de artistas y organizadorxs tuvimos el honor de ser invitadxs a participar de dicho ritual. Al llegar al lugar, fuimos sahumados y, luego de una corta espera, nos ubicamos en la habitación donde estaba el ancestro para escuchar unas palabras de las personas ahí reunidas, entre ellas, la dueña de la casa donde estábamos, cuyas palabras quedaron resonando en mi mente desde ese momento: “me imagino que el abuelo debe estar feliz, porque cuando uno se va siempre está pensando en volver”. Finalmente, ordenados como en caravana, caminamos hasta el sitio al cual fueron devueltos los restos y luego de realizar el ritual de re-entierro, compartimos una comida. Todxs retornamos muy conmovidxs por lo que acabábamos de vivir.   Al terminar la residencia, volví con la sensación de haber experimentado algo que no era capaz de comprender o abarcar del todo. Preguntas sobre las derivas de la identidad, cómo se desarrolla en el tiempo, sobre el arte y el lenguaje, sobre cierto horizonte de sentido compartido. Todo eso sobrevolaba mi mente.

La artista Cindy Mamani me pidió un texto de sala para su muestra Impetraciones y plegarias. Con Cindy, de alguna manera, compartimos varios de esos interrogantes que me surgieron durante la estadía ya que Impetraciones y plegarias fue una muestra sobre el lenguaje, la identidad y cómo pueden estar estrechamente vinculados.

Estos días mientras recuerdo las obras de Cindy, leo una entrevista a Foucault y me encuentro con una hermosa cita: “Finalmente, la única patria real, el único suelo sobre el que se pueda caminar, la única casa donde uno pueda detenerse y abrigarse, es realmente el lenguaje, aquel que se aprendió desde la infancia”. Pienso que el lenguaje que utiliza Cindy en sus obras proviene, de alguna forma, de la infancia, en el sentido de un momento primigenio. Inspirada en los petroglifos y en una cosmovisión específica, dibujó sus propios símbolos (los grabó) en placas de cobre, que colocó sobre estructuras armadas con ladrillos de adobe y troncos de madera.

Cindy se embarcó en una investigación sobre la conformación de la identidad: ¿cómo llegamos a sentirnos identificadxs con algo? ¿Qué cuestiones intervienen?, ¿desde dónde se construye esa identidad?, ¿cómo la transitamos? Para esto, se adentró en su pasado, en la casa de sus abuelos en Tafí del Valle, en la idea de territorio y paisaje, en la relación con la naturaleza como un legado que se transmite, en la vista al cerro, en un río que corre cerca, en un menhir colocado en el centro de un patio. Con la intención de volver propia una cosmovisión colectiva, se preguntó cómo todo eso formaba parte de ella. Con los dibujos que surgieron de este proceso, Cindy armó un lenguaje propio, un suelo donde caminar y, a través del arte, logró desde su vivencia personal, ensayar respuestas a preguntas universales.

Antes de la inauguración, yo solamente había visto bocetos de las piezas. Esa noche al ver la instalación completa, los grabados, el adobe, las estrellas pintadas en las paredes, todas las inquietudes que venía atravesando cobraron otro sentido. La obra de Cindy me ayudó a comprender que la identidad es una construcción personal que navega por muchas derivas a través de nuestra vida y experiencias, y que, además, puede ser un lugar donde volver, la casa donde abrigarse.


Registro Fotográfico: Julieta Papa, Manuel Garay y María Magdalena Argañaraz.

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