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La música que se escucha y les músiques de Tucumán

Un ensayo parcial

Por Indio Cansinos |

Vivís en Tucumán. Prendés la radio -si es que aún escuchas radio- prendés la tele, vas al súper, al almacén Tango -que tiene las mejores ofertas en arroz y productos de limpieza-, vas al boliche, a un bar, a un pub, a la cervecería de moda, te subís al bondi, entrás a una oficina, vas a la peluquería, vas a los actos de la escuela, vas a una manifestación de las que vienen a gamba desde Rumi Punco o de las que vienen desde el Country Las Yungas en unas Amarok 4×4 adquiridas en Concesionaria Truchetti que te da financiación propia, vas al gimnasio, ves películas en Netflix después de las 19 hs (Quien pudiera dejar de laburar a esa hora), te detenés en el semáforo al lado algún imbécil (siempre es varón y siempre, pero siempre siempre va solo) con el estéreo al remil palo, vas a descansar justo al paraje más remoto y aislado del pedemonte tucumano que también eligió un grupito de zombis que no tienen nada para conversar entre sí y si lo tuvieran tampoco pueden hacerlo porque no se escuchan, pues el volumen de los parlantes se lo impiden y… bueno, ya es suficiente, etc. En todas estas situaciones, que son casi todas las de una vida cotidiana –salvo el gimnasio, la peluquería y la Amarok en mi caso-, estará sonando y vas a escuchar música, distintos tipos de música, de todos los colores, gamas, calidades y sabores, en distintos idiomas, con distintos acentos, con poco o mucho autotune, dulces y amargas, limpias y sustanciosas; ninguna hecha en Tucumán. Nada. Salvo alguna accidental excepción -ponele alguna radio marginal dentro del dial-.

Por si no te has dado cuenta, la repetición y acumulación de todas estas escuchas, que se suceden minuto a minuto y día tras día, desde que nacés y hasta que te morís, algunas conscientes y otras menos conscientes van formando tu gusto, tu sentido estético, tu forma de escuchar, lo bueno y lo malo, lo lindo y lo feo, lo propio y lo extraño que hay en la música.

Este mecanismo funciona aun en sentido negativo. Porque aunque odies el reggaetón o tal o cual música, autor, interprete, etc, hay elementos que no son tan evidentes como lo es la letra de la canción o el timbre del cantante sino que sigilosa y tácitamente se van grabando en tu inconsciente. Tal como puede ser el compas de cuatro cuartos (4/4) que es una forma de medir la duración intrínseca –no el tiempo- de la música. Todo lo que escuchas en esos contextos está en ese compás.

Hay otros elementos característicos como los enlaces armónicos –es decir el conjunto de sonidos que se escuchan simultáneamente y su relación entre otros conjuntos de sonidos (los acordes para lo más entendides)- que también se repiten obscenamente; es decir, a un tipo determinado de conjunto simultaneo de sonidos –pongámosle A- le sigue otro tipo determinado de conjunto simultaneo de sonidos –pongámosle B- . Entonces, cada vez que suene A, de seguro sonará luego B. Hay innumerables videos en YouTube con títulos tales como “50 canciones de rock con los mismos acordes”, “las 100 baladas para tocar con sálo 4 acordes”,etc. También está el tipo de melodía o la escalística y demás elementos que podes aprender en la Academia Il Musicci que dicta clases para todos los niveles y edades y, cuyo conocimiento, te servirán para entender mejor este ensayo y para desenvolverte mejor en cualquier ensayo.

Vale decir, que el común de la gente va formando su gusto y oído de acuerdo a factores que son ajenos a su propia voluntad, pero no ajenos a la voluntad de otras personas. En algunos casos, no hay que correr un velo para descubrir la cámara secreta desde la cual se digitan estos sonidos. Existen las categorías de música ambiental y música funcional. De hecho, se llama muzak a cierta música ambiental en referencia a la compañía Muzak Corporation  que ya desde la década del 30 reproducía música para aumentar los índices de productividad de fábricas y empresas. “La música se concebía en función de estos objetivos y se configuraban de acuerdo a determinados parámetros. Se trataba de una música que debía ser oída pero no escuchada; una música que no produjese tensiones ni una escucha activa.” (Música Invisible: la música ambiental como objeto de reflexión – Josep Martí)

En otros casos, la cuestión no es tan evidente, es más sutil, como ocurre con el algoritmo de Spotify, que te va sugiriendo canciones que la mayoría de las veces pertenecen a las propias compañías que son dueñas de Spotify y que quizás te gusten de acuerdo a tu perfil. Este no es el caso de Deezer, la plataforma de streaming en la cual escuchas sólo lo que vos querés, sin publicidad ni interferencias y con mucha mejor calidad.

Y a todo esto, ¿que tiene que ver con Tucumán? Pues, justamente, ¿dónde está la música de Tucumán?… ¿Hay música tucumana?

Si, claro que hay. Mucha, variada y muy buena. También hay música muy mala al igual que mucha de la música que mencioné en el primer párrafo.

Vuelvo a preguntar: ¿Donde está?  Escondida. La tenés que ir a buscar. No va a llegar a vos ni aunque seas o te parezcas a Mahoma.

Ahora bien, supongamos que sos musique y querés que tu música sueñe, perdón, suene. ¿Qué hacer? ¿Se puede hacer algo? Si, claro. No desesperés. Hay alternativas que quizás no signifiquen estrictamente tocar o hacer que se escuche tu música pero que te permitirán ir zafando. Porque de eso se trata, cuando te enfrentás al mainstream lo único que te queda es zafar.

Lo cierto es que hay muchas alternativas. Una de ellas puede ser la de escribir notas para las mas prestigiosas revistas y publicaciones literarias como lo es la revista cultural La Papa que además de sus publicaciones digitales también edita libros maravillosos no te lo podes perder.

Repito, hay muchas alternativas, hay otras formas de darse maña, pero eso lo veremos en el próximo ensayo. Andá practicando tu parte.

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