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Los Modernos: Un rock de origen

Por Pablo Toblli |

Los Modernos es el nombre del nuevo proyecto musical liderado por los ex Sangrientos Fleko Correa Antoni y Ramiro Juárez, quienes buscan volver a las raíces rockeras.

Todos aquellos que en algún momento fantaseamos con ser estrellas de rock fue porque en un instante nos deslumbramos con los tópicos que ningún otro género supo condensar entre irreverencias, distorsiones, romanticismos, gestas y chaquetas negras.

¿Qué es ser un rockero hoy? Es una pregunta polémica que atraviesa los nuevos tiempos de la música. Se cuestiona a los músicos de trap porque adoptan una actitud de rock: son los nuevos rebeldes, pero los rockeros tradicionales se oponen a ello aduciendo que para ser un rockero no basta con ser un mero posser impostando una actitud de rebeldía o extravagancia, sino que hay que tocar guitarras distorsionadas, acompañadas de la clásica formación en bajo y batería.

Ese ADN rockero más clásico es el que revisitan Los Modernos, nuevo proyecto musical de Tucumán, integrado por Fleko Correa Antoni (bajo y voz), Ramiro Juárez (guitarra rítmica y voz), Karim Brahim (guitarra líder) y Lisandro Argañaraz (batería). Así, deciden dejar atrás el teclado ambiente, la laptop y las secuencias, y formar un cuarteto orgánico: “Se trata de romper con lo que ya está establecido. Había mucho trap, música electrónica y nuestro proyecto trata de volver a las raíces. Siempre me gustó que la música sea atemporal. No estar de moda, pero al mismo tiempo sí. Ser popular pero no estar de moda. Para eso tratamos de volver al sonido que escuchábamos cuando nadie escuchaba algunas bandas. Después las volvieron a escuchar, pero ahora ya no de vuelta”, comenta Fleko Correa Antoni en conversación con La Papa. Y agrega que la idea matriz se le ocurrió en una tienda de objetos usados, en una tarde otoñal. Allí, en contacto con los vinilos, recordó la esencia vintage.

“La Modernidad del pasado”; “Ya nadie es moderno, pero tampoco antiguo” son algunos de los conceptos ideológicos de la banda. Así, con un nombre de clásico rock, de pronombre más sustantivo -Los Modernos-, entre lo beatnick y lo postpunk, redescubrieron grupos como Los Gatos, Blur, The Cure, The Beatles, The Kinks, The Who, Almendra, Color Humano. La banda podría tratarse, según Correa Antoni, de una expresión de época, de una generación que está vibrando en direcciones nuevas y escarbando en los cajones del pasado. “Me pasó de ir a un festival de música indie y confirmé que hay una generación que está mutando para algo más intenso”. Entonces las guitarras estridentes, los bajos graves y las baterías intensas podrían ser la expresión de ese cambio.  

El grupo, de cierto espíritu sesentoso, se presentó por primera vez el 12 de abril en La Magic Music Box, en un otoño incipiente, y nos recordó a los presentes el romanticismo beatlero en canciones de amor, pero también cierta rabia y glam de rock: pelos batidos, camperas de jeans, pantalones negros y boinas vintages para estetizar guitarras al frente y coros con cierta ternura y candidez, tributando la primavera de la paz.  

“¿Dónde están esos chicos modernos?”, cantaban Fleko y Ramiro sobre melodías de un indie templado, en El estúpido martes sangriento. Y la respuesta es que La Modernidad está hacia atrás, la vanguardia está en el pasado, decía alguien por ahí. Será por algo de esto que Ramiro Juárez canta en una letra de Los Modernos: “No conozco a nadie que se odie más que vos con su estúpido delirio de la estrella de rock. No le cambiaste la vida a nadie, tampoco te la cambiaste vos”. Más allá del tinte oscuro de la frase, podría volver a ser un canto luminoso capaz de releer el mito del rock para mostrarnos qué nos ofrece en el reverso de una vaga nostalgia de autolaceración.  

Los Modernos preparan la salida de su primer disco; saben de las luces y sombras de la mitología del rock, y deciden volver a las bases de sus inicios, aquel momento en que el rock nos cambió para siempre nuestros esquemas perceptivos, nuestra esencia e identidad con el mero hecho primordial de escuchar discos en una habitación, en soledad introspectiva o con amigos.  

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