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Pájaro de la Noche

 Sobre Ofelia vuelve al río, de Noelia Gana (Cronopio editorial. Colección Jardín, 2021)

Por Gaetano Tornello |

Noelia Gana (1985) empezó a estudiar teatro a los 16 años con la Negra Ramos en los talleres de la Secretaría de Cultura de Salta, aunque ya conocía el teatro desde los 11 gracias a Shakespeare. Sumado a lo que el INT y la AAA traían en ese momento. En su recorrido universitario se encontró con la psicología, pero siempre con la consciencia y decisión de profundizar su formación teatral. Hoy en día se dedica a la poesía, el teatro y a su clínica que entrelaza el psicoanálisis lacaniano, el psicodrama, la gestalt y el abordaje grupal. Asimismo, trabaja junto a Roxana Lugones en un laboratorio de teatro terapéutico.

El libro Ofelia vuelve al río fue publicado por la editorial Cronopio de Jujuy y editado por Elizabeth Soto. En 2023 vi el unipersonal de Noelia Gana y sentí los bordes de las lágrimas y un curioso extrañamiento. Sólo Ofelia y su río y su imagen proyectada. En el poemario y en la obra de teatro, seguimos a Ofelia en su retorno a la vida. El dolor se registra como un retorno al cuerpo, un cuerpo espejo del río donde se sumerge.

En este punto, me gustaría retomar a Jacques Ranciére y su concepción de campo poético. Parafraseando, es un ir hacia la experiencia estética. La misma es desarrollada por el lector/espectador y es una zona de indeterminación vinculada a la capacidad de asociar y disociar imágenes. Sobre esto Schaeffer expone que estas experiencias profundizan nuestros recursos cognitivos y afectivos. Una experiencia estética no es la tercera cosa (el texto/la obra), sino la constitución de nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos luego de vivenciar una experiencia singular.  En este sentido, cuando leía el libro no podía dejar de pensar en su decisión de aferrarse a ese río como signo de flujo vital. Una yo lírica que se ha des-sujetado y a la vez se ha sostenido al lenguaje y a la capacidad de poder nombrar lo que acontece en el cuerpo. La ilustración de la tapa pertenece a Mariana Gutiérrez, quien consigue capturar el momento en que Ofelia escudriña su reflejo en un río de pájaros y flores.

El “acto” inaugural del libro es un epígrafe tomado de Máquina Hamlet de Heiner Muller:

Yo soy Ofelia.
La que el río no guardó.
La mujer con la soga al cuello.
La mujer con las venas rotas. La mujer con la cabeza en el horno.

Ayer dejé de matarme. Yo estoy sola con mis pechos,
mis muslos, mi regazo.
Rompo las herramientas de mi cárcel, la silla, la mesa, la cama.
Destruyo el campo de batalla que era mi hogar.
Arranco las puertas de cuajo para que entre el viento y
el grito del mundo. Destrozo las ventanas.

Antes de ver a Ofelia, se prepara el terreno con un mensaje: no se trata de una Ofelia de Shakespeare, estamos frente a la Ofelia que el río no guardó. Así Ofelia despierta mirando las gotas que caen y los pájaros que vuelan cerca cantando sueños “parece que venía a despertarte / señorita / y a que guardes bien su secreto / de ave ruiseñora”.  Pero las palabras, muchas veces, no son suficientes y es necesario un agenciamiento del yo, una extrapolación de los límites, un mirar desde la alcantarilla. Ofelia vuelve a nacer y en ese nuevo suceso, el cuerpo puede devolver los colores al aire y empezar a caminar el río. “¿Dónde estoy siendo en estas estrellas tan distintas?” es la pregunta que resuena en un cuerpo o en la carne intentando nombrarse cuerpo. Hay algo en la palabra carne que contiene ecos de lo visceral y lo escondido de la experiencia humana. Y es acaso esto lo que Ofelia busca cantar, pero no puede decir la sombra mientras crece hierba para que ella sea otra. En esta búsqueda de territorialidad, que para mí es como una búsqueda de fotogramas de identidad, la yo lírica llega a una realización: caerá mucha agua sobre el cuerpo. Ofelia duele. Ofelia explora un deseo muerto que no renace, tanta agua ha caído sobre el cuerpo y ahora escasea, el cuerpo es sequía. En este “acto” del poemario aparece la búsqueda del otro que no acude y de la palabra que ya no nombra: “¿Cuándo desaparece un nombre?” “¿Dónde andará mi cuerpo?” “¿Cómo se extirpa el dolor?” se pregunta Ofelia pensándose forma de la tristeza. La identidad difuminada y el paisaje se fusionan creando una intersección vital para ella: puede ser lágrima, lluvia, estrella. Hay algo que se empieza a notar en el afuera, lejos del ensimismamiento.

Ofelia invoca. Ofelia encuentra las palabras para el otro que se ha ido: “Cada pájaro que se me asoma es una caricia que nos encuentra”. Hay dos cuerpos, Ofelia y Pájaro de la noche, quienes se conectan en la futuridad de la palabra y la transformación del cuerpo. El dolor ha atravesado a estos cuerpos y los ha hecho mutar. Pero ¿quién sueña los sueños de quien no puede? ¿qué sucede con la luna cuando no puede alumbrar un cuerpo? Cierto es que, diría Marguerite Duras, todo escribe a nuestro alrededor. Y esto incluye también a quienes ya no están aquí en presencia de piedra y transitan en la palabra del allegado, así los cuerpos son hablados. En este proceso de transformación mediante el recuerdo del otro, Ofelia se recupera amapola y calma luego de invocar las presencias. Ofelia piensa. “Aquí mi mano se detiene / para ser atravesada / cada vez que escribo mi nombre”. Desde el momento en que otro nos nombra estamos sujetados al lenguaje. Posteriormente aprenderemos la lengua del hogar y nos nombraremos, pero ¿qué quiere decir nuestro nombre? Para Ofelia su nombre es la forma de la pregunta y la imagen, un quién soy cuando tránsito y un ojalá tenga alas en la espalda. En la vorágine del pensamiento todo se escapa y todo se vivencia a la vez, las cosas se alejan, el aire es vacío, no se puede permanecer ni transcurrir. En este punto, que parece ser una inflexión en Ofelia y su relación con el lenguaje, ella piensa en perder el don del lenguaje para poder ser una con su cuerpo y sentir lo que se busca y buscar lo que se siente. Si dice una palabra, entonces ella existe.

Ofelia espera. Sumida en el silencio, alejada de sus palabras que ahora son otras. Ofelia encuentra que su mundo necesita una pausa para no olvidar y, volviendo dos segundos al pasado, ve que no hay nada y regresa. Ofelia vuelve. Ofelia ha caminado descalza por los costados del río y ahora sabe su nombre y se reclama. Es el momento de sumergirse, la lluvia es el ascenso del cuerpo, allí “una mujer se pierde / lo entiende / lo escucha / y / sólo se pierde / / en el agua”. El río no es una tumba ni una desaparición del yo, ese río significa un lugar ajeno, “otras baldosas”. Ofelia se quitó las ropas con las que iba a la muerte y comenzó a bailar.

La idea de “retorno” me llevó a tener un intercambio de preguntas con la autora sobre el proceso de escritura y edición del poemario, su vínculo con la editorial Cronopio de Jujuy y con el unipersonal:

—¿Cómo fue el proceso de escritura y edición del poemario? ¿Cómo llega tu libro a Cronopio? Para vos, ¿cuál es el hilo conductor de la Colección Jardín?

Sin saber lo que estaba escribiendo, comencé una serie de poemas durante mi estadía en Catamarca. Estaba en una ciudad nueva, atravesando cierto desarraigo. La escritura me acompañó mucho en ese proceso. Finalmente, decido mudarme a Salta y en el momento en que termino de vaciar mi casa, cierro la valija, agarro el celu y espontáneamente escribo el poema que daría título al libro. Tenía mucho miedo de lo que estaba por hacer. Cuando tomé la decisión de volver a Salta le pregunté a mi papá ¿me estaré suicidando? y me dijo no hija, te estás salvando. De allí en más, inicié una nueva vida en Salta y escribí muchísimo cada día. Con los meses me di cuenta que en todo lo que venía escribiendo estaba Ofelia, la de “ese” poema. Recién ahí me di cuenta que estaba escribiendo un libro con un concepto y decidí continuar trabajándolo de ese modo. Tomé poemas viejos y los fui incorporando, era mucho material. Quería hacer un intertexto con Ofelia de Shakespeare porque ya estaba dado, pero no quería forzarlo. Pensé en movimientos, como actos de una obra, el movimiento debería ser el recorrido del dolor.

Cuando comenzaba la pandemia vi una convocatoria en redes de la editorial Cronopio, así que decidí revisar y preparar el libro para presentarlo. Era mi primera vez en una convocatoria. La escritura siempre ha sido algo muy solitario y privado. A partir de ese momento comenzamos el diálogo con Eli Soto y la pandemia hizo que los tiempos se extiendan. Me sentí muy libre y cuidada por Eli y el equipo. La propuesta era una colección de 4 poemarios de 4 mujeres, editados completamente por mujeres. Creo que el hilo conductor es ese, lo femenino, el decir y el hacer femenino. Ese quizás sea el jardín. Un hilo importante es la ilustración que realizó Mar, pudiendo crear un jardín común para todas y uno específico a cada una, dentro del mismo universo y sólo habiéndonos leído. Eli supo transmitir la impronta de cada una y hacernos sentir cerca.

—¿Qué vínculos entre los momentos del poemario fueron claves para la escritura y puesta en escena del unipersonal?

El unipersonal estuvo siempre como trasfondo en mi búsqueda poética, como una atmósfera quizás. Lo fundamental fue dejar emerger esa atmósfera del poemario, el universo Ofelia. Sobre ello, hice una lectura teatral del poemario y detecté la estructura y los momentos de ese recorrido. Tomé los textos que me daban mayor material dramático, escénicamente. Aquellos textos que me permitían contar, crear, desarrollar y poner en manifiesto un conflicto, una tensión. Rompí los textos para pasarlos por el cuerpo y encontrarles otra voz. También ese trabajo me permitió correrme de la carga que tenía el poemario para mí a nivel poético, puesto que lo sentía un poco agotado y yo me encontraba en otras búsqueda en mi escritura. Pasar a escena me abrió otro camino, otra búsqueda, otro lenguaje.

—¿Qué representa para vos el retorno y qué implica retornar al río?

Siempre me pareció bella la imagen de Ofelia en el río con sus flores. No sé si es una forma de romantizar el dolor o un placer estético meramente. Era un gusto y un afecto por esa imagen. El río apareció en el poema sin proponérmelo, surgió como un levantarse del agua y volver transformada a la vida. A la vez, poder volver a esas aguas como un ciclo. El contacto de la piel con el agua, el mojarse, inundarse, ahogarse o nadar. La contemplación, el devenir, hacerse agua, desarmarse, oscilarse. El río y la montaña son mis refugios sagrados desde niña, puedo permanecer horas contemplando en silencio. Llorando o en la calma más plena. Ahí encuentro algo perdido que retorna, no sé bien qué es. Quizás un encuentro con algo sagrado, como fundirme con esa naturaleza. Terminé de entender lo que surgió en el poema cuando leí a Clarissa Pinkola Estés en Mujeres que corren con los lobos. Allí habla del río debajo del río al que la mujer salvaje debe sumergirse de tanto en tanto. Un río dentro de ella, un río que la hace y la mueve.

Siguiendo con la idea del río debajo del río y esa profundidad, al parecer en el poema decido sacar a Ofelia del río de la muerte y ponerla a caminar de vuelta a la vida. Por más bonita que me resultara la imagen, nunca me convenció que Ofelia muera así. Después de escribir el poema, llegué a la conclusión de que Ofelia no va al río a matarse, sino a retirarse de ese mundo de hombres que la rodea y no la escucha ni la mira ni la entiende. Como si decidiera dejar de buscar afuera y aferrarse a ella. Es un morir, sí. Para dar vida a otra cosa. Allí adentro despierta y encuentra su dolor, lo siente y lo transcurre, lo recorre, lo nombra hasta poder hacer algo más con él.


Proximas funciones del unipersonal Ofelia vuelve al río, de Noelia Gana: 3, 24 y 31 de Mayo a las 21 hs. en La Ventolera (Ohiggins 585, Salta capital)

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