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ISSN 2684-0626

 

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Poemas inéditos de Darío Villalba

Por Gabriel Gómez Saavedra |

La luz llega con su fantasma y el poeta, que se permite mirar con atención al adentrarse en la selva cotidiana, se siente un intérprete de las cosas descifrando los signos y símbolos develados. Signos y símbolos que luego trasiega a fórmulas con las que conjura las palabras que lo liberarán de su mutismo de hombre ciego. Pero cae en una trampa: él, que se ha embanderado como un alquimista infalible, no es más que un huésped al que la luz coloniza para hablar a través suyo. Ya que, nunca un fantasma de tal calibre permitirá ser definido: su nombre está vedado. Cuando creemos haberlo enunciado, llegamos a la conclusión de que sólo logramos describir su comportamiento. Los poemas de Darío Villalba, aquí compartidos, encarnan el ejercicio trabajoso de perseguir la luz detrás de sus huellas sobre la materia. Uno los lee y la interacción de la luz al transmutar una fruta, decidir —como un péndulo terrible— la rítmica del olvido o escribir los nombres que asume el tiempo a través una señal óptica, nos atraviesa para poder hallarnos dentro de nuestras propias cavernas: “La música / que está en el aire / debe pasar por su instrumento: / la arboleda / Recién entonces puedo escucharla / y sin abrir los ojos saber: / está amaneciendo”.

I

De tanto empujar oscuridad

la luz se calienta

Integrándose a otra corriente de aire

logra bajarse del calor

y es retenida por la uva

que la devuelve a su viaje

amasándola con la pulpa

La luz debe tener cuidado:

sumergida en el fruto más de lo debido

puede disolverse

¡Cuánta entrega!

aun sabiendo

que podría quedar atrapada en el interior

se queda el tiempo necesario

para hacer nacer dulzura

y así

la luz entrega a la uva

de qué

               ser deseada

II

El trueno

aún no existía:

era un sueño del relámpago

Después de la brevedad

en la que quedamos expuestos por el instantáneo fulgor

llega el trueno con su arte extemporáneo

para contarnos

la quebradura de la luz que nos había fascinado

Triste destino el del trueno:

abusar del énfasis

para decir

aquello que ya sabemos

III

Bajo una red de escombros

permaneció la pintura:

el aire combado de la cueva

entretuvo sus colores

conservando la facilidad con la que se ofrecen

Sobre la pared se sostiene

la ancestral expresión:

así viven las despedidas:

ignorando el atropello del tiempo

En la forma rota

surge un terrible animal resoplando

sobre el aire quieto del dibujo

y si me acerco

percibo los dedos del artista

decididos a contarnos la fiereza de la bestia

Alrededor del animal

la claridad se tensa

como la cuerda de un instrumento tocado siglos atrás

que aún hoy

sigue sonando

V

La llama de la vela

pierde equilibrio

pero incapaz de desobedecer a la envoltura que la contiene

interrumpe su caída

El balanceo de la luz

tantea el cenicero para que huya de su forma

y ya en su fatalidad de objeto indefinido

descansa de ser siempre la misma cosa

Hasta que 

                    la luz alzada de la llama quieta

permite ver la totalidad del cenicero:

en un juego sutil

lo olvida y lo recuerda

y lo olvida otra vez

El cenicero juega

en la memoria de la luz

VII

La música

                     que está en el aire

debe pasar por su instrumento:

la arboleda

Recién entonces puedo escucharla

y sin abrir los ojos saber:

está amaneciendo

Desprendiéndose del cielo

una guirnalda de luz cae entre las ramas

y logra llegada:

el paisaje gana contornos

Sin abrir los ojos

veo que amanece

y siento claridad

Solo la música

                             que está en el aire

al pasar por la arboleda

sabe decir luz


Darío Villalba nació en 1975 en Salta. Publicó los libros Lo que sé del fuego, Consideraciones, En clave de circo, Animales obligatorios, Tratado de arquería y Confesiones de un jardinero.

Entre otras distinciones, obtuvo el Primer Premio de Poesía para Autores Inéditos en el Concurso Provincial organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta (2.007), el Premio Accésit en la Categoría Autores Éditos en el Concurso Provincial organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta (2.009), el Primer Premio en el Salón del Poema Ilustrado organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta y el Círculo de Médicos (2011), el Primer Premio en el Concurso Provincial organizado por la Unión Salteña de Escritores, el Primer Premio Hispanoamericano de Poesía Gabriela Mistral (Chile, 2020) y el Primer Premio de los LXII Juegos Forales Iberoamericanos (Ciudad del Carmen, México, 2020).

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