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ISSN 2684-0626

 

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Poemas inéditos de Jorge G. Tula

Palabras de presentación

-Gabriel Gómez Saavedra-

¿Y si el río fuese la deidad absoluta, la regidora del tiempo, la acreedora de humildes sacrificios? Seguramente, nuestro cerebro trabajaría con el ritmo de las corrientes y respiraríamos el mundo desde la horizontalidad, sin distancias que medien entre nosotros y los que sostienen a sangre y savia la comunidad fluvial. Y podría el corazón desplazarse hacia el mar de la noche, sin constelación que lo aturda ni camino oscuro, porque boca arriba es posible diferenciar la estrella que nace de la que murió.

Estos poemas de Jorge G. Tula son la lectura de un culto al río, factura de un poeta que sabe encontrar el silencio necesario para escucharlo cantar.

Fragmentos de un río

No nos dejamos ir

dos veces

en el mismo río

Las aguas son

un espejo del mundo,

sonoro y líquido

como la sangre corren

por paisajes

que nadie habrá visto

o que nadie verá

sino en la muerte

En algún atardecer

el cielo pasa atravesado

por un aluvión de pájaros

o es sólo lluvia

que se desmorona

cuando el agua va

demorándose

en recodos dándole

tiempo al tiempo

Las palabras escritas en el río

¿vuelven al pie de la montaña?

¿se aquieta el agua

en un remanso

adonde la luna alumbra

el letargo tenue

de los batracios?

Las silabas del río fluyen

en un silencio quebrado

por el murmullo

de las piedras

puliéndose con el sigilo

blando del agua

Por eso,

si me voy a morir

que sea disuelto

en vertientes libre ya

de la memoria

verde de las lamas

y los guijarros

que dibujan geologías

como poblaciones líticas,

y las crecientes

adonde un toro arremete

contra el mundo

hasta transfigurarlo

¡Cómo estarán de cansados

los caballos que corren

huyendo del zonda

y la neblina!

¡Cómo de feroces

los pumas que saltan

al lomo de las víctimas!

(Ir como el río

sin preguntas

sin destino)

Sólo sé que el tiempo es un río

que avanza hacia ninguna parte,

va de regreso

a una infancia

de nubes y de pájaros

No es un río el que se detiene

Si pienso en árboles

con melena de lluvia

no es un río el que se detiene

Es el tiempo que opta por demorarse

a rozar las raíces

como en sueños

El río arrastra

abajo peces

que desovarán

amorosamente el futuro

¡Con qué encrespada felicidad

las aguas baten la orilla y,

de turbias,

se aclaran de a poco

como quien encuentra una verdad!

La luz las va urdiendo

así como dora

el lomo de las llamas

que pacen siglos en soledad

Pero la luz

no es siempre la misma:

cambia el paisaje

o el modo de mirarlo

O es que de pronto

avanza la noche

y oímos

cómo el río masculla su nostalgia

Cuando todo se detiene

y el silencio

es un pozo de aromas

para oírse adentro

Ser del río

El río nos ata

a una tarde que se va

con aires de pañuelo

Con pájaros

que se duermen de olvido

Con nombres

fugaces como luciérnagas

Con abrazos en el frío

¿Qué es el río sino

un puñado de arena?

constelación de sensaciones canción

que se oye desde lejos

perfume

a jazmines

de aquel día

en que besamos

unos labios trémulos

Si el tiempo va (¿o vuelve?)

cuál es la certeza

si todo se torna líquido

y hasta los árboles

de sedientos

se agachan

para reconocerse

en el fluir perpetuo

Piensa el río

¿Esas otras aguas dónde van?

no lo sé ay

¿Cómo sería el mundo

si todas corrieran juntas

hacia un mismo mar?

Tus aguas las mías y las suyas

hermanadas en un ciclo

único donde ir

sea al mismo tiempo

regresar

Preguntas sobre la sed

¿Hasta dónde

llegaría el desaliento

si no hubiera mariposas

de un amarillo desvaído

en el sopor de la siesta?

Desiertos donde el sudor mengua

el castigo del sol

y la sal de los labios

es dulce recuerdo a manantial

¿Qué harán las bestias

cuando el olor

lejano del agua

las encamine al cauce seco

que desmemoria

los arroyos?

¿Se preguntarán los peces

por el corazón lacustre

desde el cual remontaron

ciegos de lujuria

las aguas hacia

el paraíso original del desove?

¿Y qué harán los líquenes

dormidos para siempre

ya vueltos polvo y nada?

¿Y los zorros,

cansados de pocear

el lecho seco

como quien se busca el alma?

Cuando se borren

los nombres

y el torrente

definitivamente

decline hacia el olvido

Cuando la sequía

deshaga el recuerdo

del verano

y aguijonee

desde el plumón

sedoso de una nube

el anhelo de lluvias

¿Recuerdas?

El aroma

¿de dónde llega?

el aire mendigo lo trae

de la mano

Ese aroma,

rosa cauda de los vientos,

funda la

simetría entre la vía láctea

y el río sagrado de abajo

(donde tiende su

velamen el sueño)

Aroma a húmedo,

nave a la deriva,

desarbolado

                        mundo,

solamente recuerdo,

caduca alma sin lenguaje

que habite verdes

de infancia

Olor a sueño que va

de paisaje en paisaje

con el rumor del universo

Olor anterior al mundo,

cuando el fuego pánico era

una rosa y crepitaba

y los árboles con su aliento

decapitaban al mediodía

y los pájaros

ascendían hacia el silencio

cumbre de la noche

Olor a río del que hablo

petricor seminal,

impulso de los comienzos

¿Lo recuerdas?


Jorge G. Tula (Catamarca, 1965). Poeta y Profesor en Letras egresado de la Universidad Nacional de Catamarca. Entre 1988 y 2015 ejerció el periodismo cultural. En 2012 publicó el  libro Semillas de la lluvia (El Mono Armado, Buenos Aires) y en 2024  Esperando los árboles (El Guadal, Catamarca). Fue becario del Fondo Nacional de las Artes dentro del ciclo “Pertenencia”, a través del cual se capacitó en narrativa con Leopoldo Brizuela y en poesía con Diana Bellessi. Formó parte del taller literario «Umbral» e integra el grupo de poetas “Suma”.

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