Palabras de presentación
-Gabriel Gómez Saavedra-
¿Y si el río fuese la deidad absoluta, la regidora del tiempo, la acreedora de humildes sacrificios? Seguramente, nuestro cerebro trabajaría con el ritmo de las corrientes y respiraríamos el mundo desde la horizontalidad, sin distancias que medien entre nosotros y los que sostienen a sangre y savia la comunidad fluvial. Y podría el corazón desplazarse hacia el mar de la noche, sin constelación que lo aturda ni camino oscuro, porque boca arriba es posible diferenciar la estrella que nace de la que murió.
Estos poemas de Jorge G. Tula son la lectura de un culto al río, factura de un poeta que sabe encontrar el silencio necesario para escucharlo cantar.
Fragmentos de un río
No nos dejamos ir
dos veces
en el mismo río
Las aguas son
un espejo del mundo,
sonoro y líquido
como la sangre corren
por paisajes
que nadie habrá visto
o que nadie verá
sino en la muerte
En algún atardecer
el cielo pasa atravesado
por un aluvión de pájaros
o es sólo lluvia
que se desmorona
cuando el agua va
demorándose
en recodos dándole
tiempo al tiempo
Las palabras escritas en el río
¿vuelven al pie de la montaña?
¿se aquieta el agua
en un remanso
adonde la luna alumbra
el letargo tenue
de los batracios?
Las silabas del río fluyen
en un silencio quebrado
por el murmullo
de las piedras
puliéndose con el sigilo
blando del agua
Por eso,
si me voy a morir
que sea disuelto
en vertientes libre ya
de la memoria
verde de las lamas
y los guijarros
que dibujan geologías
como poblaciones líticas,
y las crecientes
adonde un toro arremete
contra el mundo
hasta transfigurarlo
¡Cómo estarán de cansados
los caballos que corren
huyendo del zonda
y la neblina!
¡Cómo de feroces
los pumas que saltan
al lomo de las víctimas!
(Ir como el río
sin preguntas
sin destino)
Sólo sé que el tiempo es un río
que avanza hacia ninguna parte,
va de regreso
a una infancia
de nubes y de pájaros
No es un río el que se detiene
Si pienso en árboles
con melena de lluvia
no es un río el que se detiene
Es el tiempo que opta por demorarse
a rozar las raíces
como en sueños
El río arrastra
abajo peces
que desovarán
amorosamente el futuro
¡Con qué encrespada felicidad
las aguas baten la orilla y,
de turbias,
se aclaran de a poco
como quien encuentra una verdad!
La luz las va urdiendo
así como dora
el lomo de las llamas
que pacen siglos en soledad
Pero la luz
no es siempre la misma:
cambia el paisaje
o el modo de mirarlo
O es que de pronto
avanza la noche
y oímos
cómo el río masculla su nostalgia
Cuando todo se detiene
y el silencio
es un pozo de aromas
para oírse adentro
Ser del río
El río nos ata
a una tarde que se va
con aires de pañuelo
Con pájaros
que se duermen de olvido
Con nombres
fugaces como luciérnagas
Con abrazos en el frío
¿Qué es el río sino
un puñado de arena?
constelación de sensaciones canción
que se oye desde lejos
perfume
a jazmines
de aquel día
en que besamos
unos labios trémulos
Si el tiempo va (¿o vuelve?)
cuál es la certeza
si todo se torna líquido
y hasta los árboles
de sedientos
se agachan
para reconocerse
en el fluir perpetuo
Piensa el río
¿Esas otras aguas dónde van?
no lo sé ay
¿Cómo sería el mundo
si todas corrieran juntas
hacia un mismo mar?
Tus aguas las mías y las suyas
hermanadas en un ciclo
único donde ir
sea al mismo tiempo
regresar
Preguntas sobre la sed
¿Hasta dónde
llegaría el desaliento
si no hubiera mariposas
de un amarillo desvaído
en el sopor de la siesta?
Desiertos donde el sudor mengua
el castigo del sol
y la sal de los labios
es dulce recuerdo a manantial
¿Qué harán las bestias
cuando el olor
lejano del agua
las encamine al cauce seco
que desmemoria
los arroyos?
¿Se preguntarán los peces
por el corazón lacustre
desde el cual remontaron
ciegos de lujuria
las aguas hacia
el paraíso original del desove?
¿Y qué harán los líquenes
dormidos para siempre
ya vueltos polvo y nada?
¿Y los zorros,
cansados de pocear
el lecho seco
como quien se busca el alma?
Cuando se borren
los nombres
y el torrente
definitivamente
decline hacia el olvido
Cuando la sequía
deshaga el recuerdo
del verano
y aguijonee
desde el plumón
sedoso de una nube
el anhelo de lluvias
¿Recuerdas?
El aroma
¿de dónde llega?
el aire mendigo lo trae
de la mano
Ese aroma,
rosa cauda de los vientos,
funda la
simetría entre la vía láctea
y el río sagrado de abajo
(donde tiende su
velamen el sueño)
Aroma a húmedo,
nave a la deriva,
desarbolado
mundo,
solamente recuerdo,
caduca alma sin lenguaje
que habite verdes
de infancia
Olor a sueño que va
de paisaje en paisaje
con el rumor del universo
Olor anterior al mundo,
cuando el fuego pánico era
una rosa y crepitaba
y los árboles con su aliento
decapitaban al mediodía
y los pájaros
ascendían hacia el silencio
cumbre de la noche
Olor a río del que hablo
petricor seminal,
impulso de los comienzos
¿Lo recuerdas?
Jorge G. Tula (Catamarca, 1965). Poeta y Profesor en Letras egresado de la Universidad Nacional de Catamarca. Entre 1988 y 2015 ejerció el periodismo cultural. En 2012 publicó el libro Semillas de la lluvia (El Mono Armado, Buenos Aires) y en 2024 Esperando los árboles (El Guadal, Catamarca). Fue becario del Fondo Nacional de las Artes dentro del ciclo “Pertenencia”, a través del cual se capacitó en narrativa con Leopoldo Brizuela y en poesía con Diana Bellessi. Formó parte del taller literario «Umbral» e integra el grupo de poetas “Suma”.

Concepción, prov. de Tucumán, 1980. Publicó la plaqueta Huecos (Ediciones Del Té, 2010), y los libros Escorial (Editorial Huesos de Jibia, 2013), Siesta (Ediciones Último Reino, 2018) y Era (Falta Envido Ediciones, 2021). Entre otras distinciones, ganó el Premio Municipal de Literatura San Miguel de Tucumán – Género Poesía (Región N.O.A.) y fue seleccionado por el Fondo Nacional de las Artes como becario del programa Pertenencia: puesta en valor de la diversidad cultural argentina.



