Por Gabriel Gómez Saavedra |
Quizás hemos inventado la poesía para contar con una armadura con la cual enfrentar el peso del silencio; algo que nos otorgue la esperanza de que la lengua puede hacer materia con todo, lo que en las noches, trae el pájaro mudo de las pesadillas y deja al pie de nuestra cama, y que aspira a sostenerse como lo imposible de nombrar; porque lo que carece de nombre será siempre inapresable.
Estos poemas de Sergio Lizárraga expurgan el cuerpo de su noche y muestran el ingreso a su territorio para darle batalla. El resultado es la extracción de nombres negados, que ofrece como partículas derivadas del estallido de una estrella ya agotada, posándose frente a los ojos de nuestros propios silencios (“me abrigo / ante el aliento de las sobras”). Pero, como en toda batalla, hubo sacrificio, y el de Lizárraga fue el de observar cómo la armadura de su poesía se le pegaba a la carne y transformaba en un espejo irrenunciable, donde el silencio reflejaba su plumaje opaco y aprendía a llamarlo por su nombre (“hay distintas páginas / diferentes lenguas / donde mi nombre tiene / letras de ausencia”).
amanezco
sin padres
sin hijos
una
de mis lágrimas se parece a
una casa
me abrigo
ante el aliento de las sobras
*
le pido perdón
a la mañana
a las ventanas
que veo desde mi ventana
hoy
en el día del santo
que hablaba
con peces y lobos
yo hago mi día
con palabras que no puedo
hundir en el agua
para que salpiquen
o aúllen
*
me interesa
contar
cuántos pasos
caben en los surcos
que una lágrima deja
calcular
cuánto llanto perfora
una sombra
*
nada brota en mí
cuando están
desnudos los rincones
no perduran flores
sino los silencios
enhebrados en hojas
*
sugiero
decir pájaro
con un puñado de tierra
en la boca
conocer lo que se murmura
entre quienes no habitan
cielos
*
leí el libro sagrado
encendí una luz
esperé
hay distintas páginas
diferentes lenguas
donde mi nombre tiene
letras de ausencia
*
Sergio Gabriel Lizárraga. Tafí Viejo, Tucumán, 1975. Es Prof. en Letras con posgrado en Ciencias Sociales, formador de formadores y gestor cultural. En poesía, publicó: Poemas de Lodebar (Alción editora, 2014), En tajos a la sed (Ediciones Del Dock, 2017), Panes mojados (Fondo editorial Aconquija, Ente de Cultura de Tucumán, 2021) y Todavía hijo (Puerta roja ediciones, 2025). Obtuvo una beca Fulbright y una Pluma de Plata de la SADE.

Concepción, prov. de Tucumán, 1980. Publicó la plaqueta Huecos (Ediciones Del Té, 2010), y los libros Escorial (Editorial Huesos de Jibia, 2013), Siesta (Ediciones Último Reino, 2018) y Era (Falta Envido Ediciones, 2021). Entre otras distinciones, ganó el Premio Municipal de Literatura San Miguel de Tucumán – Género Poesía (Región N.O.A.) y fue seleccionado por el Fondo Nacional de las Artes como becario del programa Pertenencia: puesta en valor de la diversidad cultural argentina.




Una belleza que respira en cada verso