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Poesía de la imaginación – imaginación poética – poesía de lo imaginario

Por Maira Rivainera |

¿La percepción del mundo antecede al poema, es la experiencia del mundo el lugar de la poesía, poesía y vivir se superponen láminas traslúcidas para transparentar una forma nueva?

Hipótesis de existencias: del sujeto del poema, el que escribe; del sujeto de la experiencia, a quien le sucedió la percepción poética; quien lee. Respecto al segundo sujeto, el de la percepción poética, ¿hay una relación entre éste y el mundo o se relaciona él con un tipo de imaginación que provisionalmente llámese poética, a través del mundo/con el mundo como instrumento – medio; u organiza elementos del mundo pasados por la imaginación: poesía de la imaginación; o bien es solamente el sujeto en el mundo con el lenguaje en un puro acto de creación de sentidos que fundan en cada lector una poesía de lo imaginario, esto sería: hacer existir en la imaginación ajena un cruce de conceptos del cual la realidad con sus leyes físicas no provee a los sentidos humanos? 

Es importante explicitar la pregunta sobre qué es lo poético. De común acuerdo, se reconoce un poema por el emplazamiento de las palabras en el plano. Sin embargo, al momento de ir a preguntar a las palabras, la sensación de poesía podría según quién lea, buscarse en el tipo de palabra que emplea el género, en los sentidos producidos o en la relación del yo lírico con el tema en el poema.  

En una aspiración hacia la libertad para inventar la literatura y, por modestia o bien, por una exigencia subterránea de técnica, se admite que no hay temas en sí poéticos, como tampoco palabras, sino que el poema está hecho de las gracias de la voz al pasar por los lugares corrientes. Hay lugares comunes de pasar por temas corrientes, se tiene ahí la posibilidad palpable para decir en qué medida también la poesía va solidificándose, tornase sedimento de formas admitidas. Lo que es idéntico a decir, se coagula un ideal poético que direcciona al poeta al momento cuando decide de qué hablar, cómo, a quién hablarle y de qué manera afectarse o no de lo nombrado. 

De lo que hace al tema, advierte una estar ante lo poético más bien cuando se encuentra con dificultades para decir con claridad qué está leyendo. Mas no descarto otro tipo de lector de poesía, aquel que busca en ella corroborar, apuntalar, constatar el inventario de conceptos que estructuran su visión de mundo. Acerca de este otro tipo de lector, por lo general encuentra él mismo su propio imaginario–inventario en relación de afinidad con el imaginario–inventario de otros con los que experiencia una noción de comunidad. Si la comunidad estuviera hecha de sentidos compartidos, diré que la poesía es aquello que no hace comunidad. Pero entonces, de qué manera habría lectores de poesía, suponiendo que la supuesta poesía que no sería de las afinidades, existiera. 

Cuando en un momento en un texto percibo al modo de una alucinación placentera una sensación física hecha de palabras, vuelvo al texto a buscar el lugar en la construcción semántica que me lo haya sugerido, y encontrándolo releo y la sensación no vuelve, asumo que he pasado por la poética de un cuerpo de palabras. Una poética en sentido ampliado, al modo en que se podría decir: la poética de Tarkovsky son los verdes neblinosos abiertos y asfixiantes. Esos elementos que al ser usados causan un efecto como de sin palabra que a la vez no es sin idea de haber entendido. Hay algo excepcional en creer haber captado algo, volver a buscarlo y no poder reproducirlo ni siquiera para sí mismo, saber que no ha sido una comprensión suscitada por la explicación; por un instante descansar del hecho inamovible de estar apegado al lenguaje, a un tipo de lenguaje naturalizado, que no se cuestiona: las palabras y sus significados más o menos comunes. 

La sensación con “El diario de Pablo” (EDDP) fue de rumor de viento. No del viento entre el ramaje, ni de viento arrastrando cosas, ni del silbido del viento, sino de viento. De presencia del aire, de silencio en movimiento. De silencio en la medida en que la voz no interviene en el mundo y en movimiento por cuanto encuentra en la variación algo de la belleza, de la idea de belleza que siempre es distinta para cada cual. 

Un colibrí se posa en una rama y quieto, pierde toda su belleza (p. 9)   

Pablo es el interlocutor del viento, no mantiene una conversación con él sino que es alguien a quien el viento le habla.  

Suenan voces también, voces del viento (p. 7)

Las voces del viento me preguntan cuánto más quiero crecer (p. 8)   

Suenan las voces del viento (p. 10) 

Los bananos y vos, me dicen las voces del viento, seguirán aquí (p. 11) 

Estás buscando el cómo, me dicen las voces del viento (p. 13) 

Hela aquí la causa de por qué al cerrar el libro, lo que escuché fue silencio. No porque yo dejase de hablar sino porque dejé de escuchar esas palabras que me habían sido dirigidas durante la lectura. En EDDP ese yo que llamaré aquí lírico, es un lugar diferente de alguien que Yo quisiera ser. Es en cambio, alguien que he sido a través de las páginas, sé que no he sido Donzelli, no me he sumergido en la mente de nadie, he simplemente escuchado el sonido interior de la experiencia inmaterial en propio cuerpo. ¿Y cómo es posible esto? 

Donzelli presenta su texto como diario ficcional, mi ánimo se disponía a leer escritura diarística y me encuentro en cambio, con poemas en prosa. No tiene que ver con el tipo de palabras con que se construye sino con el sonido que registra al tiempo. Una voz que le habla a un impersonal desde un lugar que subjetivamente se reconoce como íntimo pero no por privado sino por tratarse del tipo de experiencia humana que se funda en el hecho de que tenemos pensamientos a los que les prestamos atención, y hay pensamientos que no podemos comunicar ni otro puede entender, cuya especificidad es que discurren sin causar interferencias mórbidas en la cotidianidad en las relaciones interpersonales ni situaciones sociales.

¿Es la poesía una experiencia semántica? ¿O de desarticulación de sentidos? ¿O es una experiencia del tiempo? Pablo dice el 10 de mayo algo sobre la imposibilidad de sí para tocar música. Hay aquí una metáfora de lo que es EDDP. Dado que existe en el registro de lo poético, es excluyente que la música de la narración aparezca pese a que esté escrito según la forma de alguien que cuenta unos fragmentos de vida. Esas notas que advierte no se acoplan para hacer música, remiten a los estímulos de un mundo en los que repara sin intención de darles coherencia. Esto es aquí el registro poético, una conciencia que se deja atravesar por elementos sin pronunciarse acerca de los mismos. Un testigo.  

Durante los primeros días del diario pareciera una concurrir a un esporádico goteo como a ese intervalo entre el silencio que anuncia a la tormenta y la tormenta en su esplendor al suceder, a una enumeración de cosas nombradas según un uso desinteresado de las palabras: la gata que no es suya, las naves que no atacan, una herramienta de trabajo que aparecen sin trabajo pendiente.

La gata que no es mía perseguía mariposas (p. 55) 

Por un lado la negación cual manera de rehusarse a tomar el lenguaje como algo natural. En apariencia lo natural sería decir una gata anónima, por ejemplo. Porque a nadie le interesa quién es el humano de un animal, pero la gata que no es mía es todo el nombre del personaje. Se sustantiva la sintaxis. ¿Qué es esa sensación sino una poética en sentido radical, de uso caprichoso de las palabras? 

12 de mayo: Quiero hacer una recta con los sonidos del piano. O una curva. Con los días también. Que no sean uno y después uno sino historia corrida. A su pesar, lo que quiere ser narración se escribe como poema y escribiéndose poema, incurre en la configuración de historia. No hay narración y sí poética puesto que contando aún con elementos trágicos o susceptibles de dramatizarse, el yo lírico se mueve en los rieles del testigo. A veces testigo participante, a veces solo quien nombra, un tipo de implicación con el mundo sin entrar en relación con el mundo; a esto llamaría distancia poiética. Que es una manera de acceder al mundo sin que el mundo haga retroceder de la experiencia. 


Imagen: Ale Nicolau, para El diario de Pablo, de Pablo Donzelli (Montemaqui, 2018)

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