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Sobre la “escritura femenina”: algunos microrrelatos de Ildiko Nassr

Por Cecilia Rocabado |

“Siempre fuimos poetas, clandestinas, silentes…

Siempre fuimos palabra”

Liliana Bodoc

Mientras buceo en un nuevo libro[1], pienso en las mujeres que escriben. Me disculparán las, los, les defensores de la esencia literaria pero la literatura no es una, es muchas. Se mofa, se divierte, se escapa de las taxonomías, increpa, juega, se deleita con y en la confusión y entonces su magia envuelve y enamora.

Y es que en los días de invierno no hay nada más lindo que un buen libro, una estufa y varios chocolates. Extraño a mis amigas, abrazarlas, escucharlas mientras las observo y en este “mes de la amistad” la nostalgia suma (si, si, las efemérides también me pueden).

Vuelvo a pensar en las escritoras, en las mujeres escritoras, pienso también en los temas “femeninos”, en lo dicho, en lo oculto, en lo vedado. Existe una ¿literatura femenina? ¿Existe una literatura masculina? ¿Se pueden identificar ciertos atributos de la feminidad en la escritura de las mujeres? ¿Hay una literatura rosa? ¿Por qué rosa?

Mientras me hago estas preguntas, me sumerjo cada vez más en los ríos profundos de la Antología Personal de la escritora jujeña Ildiko Nassr. Selección que reúne 20 años de  publicaciones, desde microficciones de su primer libro Vida de perro (1998) a títulos emblemáticos de la escritora como Placeres cotidianos (2007), Animales feroces (2011) y otros. Trato de leerla de forma neutral, y entonces descubro que eso tampoco es posible. Me pierdo en el goce, en lo salubre del lenguaje, me nutro de letras. Viajo a rincones inexplorados, me encuentro con la vida, con la muerte, con las ceremonias secretas. Me animalizo, me espantó, me vuelvo mujer de cuerpo vasija, mujer libre.   

Regreso a interrogarme, pienso en lo que me falta leer para poder realizar una aseveración al respecto. Pienso también en los criterios de validez de las ciencias y concluyo en que el primer criterio debería ser el propio. Me aventuro y afirmo: si existe una literatura femenina, no como eslogan sino como huella de persona que se afinca en un universo, palabra presente. Otro tema son las mujeres, que de ellas y sobre ellas podemos escribir gruesos tomos de Larousse, claro, si el canon lo permite, si la buena literatura lo avala, o si se publica en alguna editorial con sus nombres propios…

Comparto a continuación, algunos microrrelatos de Ildiko Nassr que ayudaron y acompañaron mi devenir invernal.

Mujeres

Una mujer estudia ingles después del trabajo. Otra mujer compra una bicicleta y aprende a andar en el patio de su casa. Una tercera mujer escribe cuentos fantásticos y poemas de amor y aventuras. La última, tiene un amante varios años más joven al que le paga una pequeña fortuna que le roba a su marido. Todas con un único deseo: ser libres.

***

Ella

Ha retomado la voz de esa mujer que antes lo habitaba, que antes era solo un personaje de ficción usado para mostrar el lado femenino del macho que es ante la mirada de sus amigos.

Con ella, se sinceraba. Con ella, podía ser quien realmente era y conectarse con ese estado otoñal que trae la nostalgia. Con ella, se daba cuenta de la vida. Por eso decidió matarla. Asesinarla de un modo personal y pasional. Pero no pudo. El cuchillo lo lastimó a él, no a ella. Entonces, envió un sicario (que también era él mismo) para apuñalarla y así poder tocar su sangre en el papel. Sintió su último aliento al final de su última novela.

No pudo escribir más.

Hasta este momento en el que ella regresó con su voz y su mirada. Sin rencores.

***

Encierro

Le da órdenes pero no responde. Le dice que se mueva pero permanece en la quietud absoluta. Está encerrada en su propio cuerpo.


[1] Nassr Ildiko (2019). Urgencias, Disimulos y rutinas. Antología personal. Lima, Perú: Micrópolis.

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