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ISSN 2684-0626

 

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Sobre la poesía, la política y «Las fuerzas del cielo», un libro que necesitaba leer

Por Marco Rossi Peralta |

Son famosos esos versos de Pizarnik donde dice que una mirada desde la alcantarilla puede ser una mirada sobre el mundo. Me pregunto: ¿Quién conoce mejor el mundo? ¿Una persona “viajada”, que ha recorrido todos los continentes, o la persona que mira el mundo desde abajo, pidiendo una moneda?

He leído Las fuerzas del cielo de Alexander Rivadeneira, y tengo la sensación de que es una mirada que desnuda el mundo en el que vivimos. Una mirada desde abajo que no endulza lo que observa ni tapa aquello que no queremos ver. Pone en el horizonte un futuro devastado, un futuro al que estamos siendo llevados por una tropa de macabros y perversos que han dado con el gobierno de nuestro país y del mundo.

Pienso que en otro momento me hubiera parecido un libro pesimista, ahora me parece incontestable. ¿Por qué leerlo? ¿Para sufrir? ¿Para confirmar que el discurso de Las fuerzas del cielo es un discurso perverso? No. El libro hace otra cosa y nos permite otra cosa.

A veces la poesía sirve para sentir aquello que está en nosotros sin que lo sepamos, y es ahí cuando la poesía nos revela a nosotros mismos. A veces, para pensar de un modo distinto y salir por arriba de los laberintos de la mente, y es ahí cuando la poesía nos revela algo sobre el mundo, que ensimismados en nosotros mismos, no éramos capaces de ver. Cuántas veces la poesía, como una madre severa, nos ha dicho lo que no queríamos escuchar, lo que nadie más se hubiera atrevido a decirnos.

Estoy seguro de que Las fuerzas del cielo le revelará a cada lector algo de sí mismo y algo del mundo en el que vive. Si le pasa lo mismo que a mí, no será algo que hubiera querido escuchar, pero al mismo tiempo estará agradecido.

El lenguaje de la religión y la fe sirve en este libro, y esto ya es una lectura personal, para hacer una poesía de la política. Yo, que no soy católico, pienso que este dramatismo es justo en estos tiempos. Mesías, falsos profetas y pecadores: no lo había notado antes, pero parecen las palabras justas para hablar de un momento de la Argentina y el mundo en el que la justicia y una vida digna parecen posibles sólo a través de un milagro.

De nuevo yo, que soy ateo, siento con este libro la necesidad de una voz mesiánica que nos hable a nosotros, una que le conteste a esa otra voz que se atribuye las fuerzas del cielo, que usa el poder del Estado para insultarnos, que pretende humillarnos diariamente y que promete un futuro en el que desaparecemos. Estos poemas me generan el deseo de una voz que nos prometa a nosotros un paraíso en la tierra, que nos diga que también puede haber para nosotros una salvación. Los mercaderes que Jesús expulsó del templo han logrado vendernos su religión, y necesitamos otra.

Este libro me ha generado a mí la necesidad de volver a imaginar, de volver a pensar en la posibilidad de un mundo distinto. Quizás porque revela la mezquindad, la suciedad y la pequeñez de la voz de este capitalismo que se presenta todopoderoso y que, sin embargo, otra vez necesita de un enano que grita fuerte para asustarnos y pedirnos que no hagamos nada. La voz gritona, cruel, delirante del capitalismo, parodiada con belleza en este libro, me ha dado la sensación de que cada vez que nos insulta en realidad nos suplica piedad, quietud, complicidad.

En ese sentido, también nosotros somos pecadores. Y aún nos tocará seguir pecando: Dios te ama así y aquí está tu ángel, sosteniendo las pesadas cadenas de tus pecados, los que vendrán. Entonces no vuelques la mirada.

Hay que mirar, abrir los ojos y ver, saber que miramos desde la alcantarilla, saber que esa también puede ser una mirada sobre el mundo, saber que hemos sido cómplices. Pero también que desde ahí abajo es desde donde necesitamos que se imagine un mundo nuevo, que de ahí adentro saldrán nuestros profetas a llevar la palabra, a prometer un mundo en el que sí, conviviremos con macabros y perversos, pero no gobernarán, ni serán estrellas de televisión, ni tendremos que aplaudirlos. Un mundo en el que vuelven a tener vergüenza, un mundo en el que no se atreven a decir que son representantes de Dios.

¿NOSOTROS QUÉ QUERÍAMOS CAMBIAR? Terrible elección de palabras. Terrible

elección. La democracia se ha devorado a nuestros amigos. Y de nuestros hijos, ¿qué

sabemos?


Alexander Rivadeneira (San Miguel de Tucumán, 1999) participó de diversas ferias y festivales nacionales e internacionales. Fue editor e ilustrador de la revista Elba Laso y la editorial Tinta bit. Publicó los libros Hambre sobre hierba (Funga editorial, 2024), Un montón de bichitos (Elandamio ediciones, 2025) y Las fuerzas del cielo (Aguacero ediciones, 2026).

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