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Vuelve Luis Franco en “Hudson a caballo”

Relato de una reedición

Por Enrique Traverso |

La reedición de Hudson a caballo de Luis Leopoldo Franco, autor nacido en Belén de Catamarca y cuya basta obra no deja de asombrarnos, fue un acontecimiento de enorme importancia para las letras de nuestro país en el pandémico 2020. La tarea fue llevada adelante por la editorial Leviatán y Maíz Rojo, un sello que nació cobijado por la prestigiosa porteña que dirigen mis amigos Gerardo Manfredi y Claudia Schvartz.

El prólogo estuvo a cargo de Horacio González, quien desde la primera charla se mostró entusiasmado por escribir las palabras que abren este libro, que completan con justeza la segunda vuelta de Hudson…, con una obra que es inclasificable, que lleva la singladura propia de un libro de otra época con un lenguaje cuidado, sabio, preciso, que tiene en la figura del naturalista y escritor inglés que habitó estas tierras, su tema o excusa, pero como los grandes libros alude a los grandes temas del hombre que alumbran a la literatura.

“Luis Franco percibe bien en Hudson la veta experiencial, sensitiva, la felicidad rural, la fabulosa continuidad entre los hombres y los animales, la preferencia por la vida en la naturaleza antes que por el carácter atroz de la historia”, dice Horacio González.

Luego ubica, contextualiza a Hudson para explicar el “por qué de un escritor argentino en idioma inglés”; da cuenta de su vínculo con el naturalista Burmeister, una reconocida figura dentro de su ciencia que se enemistó con Ameghino, y que había compartido con el gran Von Humboldt. Una acotación de cotillón: Luis Franco tiene poco menos que inédito un ensayo sobre el paleontólogo argentino.

El escritor belicho ha escrito una veintena de ensayos, pero es tal vez Hudson a caballo, el más acabado, el más logrado en su factura final. Pongamos a un costado los ensayos o trabajos vinculados a la historia, la argentina fundamentalmente, que lo cuenta junto a su discípulo, Melciades Peña, como uno de los padres de la historiografía marxista en nuestro país. Digo esto, aunque hace poco he leído una publicación aparecida en la década del 60, en el diario La Prensa, donde habla como un avezado ingeniero, del sistema cloacal de la antigua Roma o, en otra ocasión para el mismo matutino: de la influencia de la cultura arábiga en nuestro país.

Así como en Hudson…, en Nuestro Padre el árbol (otro de sus grandes libros inhallables) Franco lleva a cabo una invocación poética que cruza la lírica sobre nuestros primeros techos (los árboles) con la dendrología (la ciencia que los estudia), pero de la misma catadura son también Los hijos del llastay, El arca de Noé en el Plata y sólo comparable desde la dedicación a su biografía-ensayo Whitman. Quisiera destacar al pasar, además, Revisión de los griegos, un tratado que reúne material condensado de los cuatro estudios más importantes sobre la cultura helénica (aunque el autor de Belén se detuvo con lupa en los presocráticos) que era dado en su cátedra por Rodolfo Mondolfo, que pasó por las universidades de Córdoba y Tucumán, mostrando desde el pensamiento marxista y del conocimiento que la hallamos en los griegos: el carácter problemático de la filosofía, dejando el sistemático para los manuales de epígonos e intérpretes de lo ya mascado por otros autores.

“Luis Franco, en Hudson a caballo, le presta poca atención a la terminante observación de Allá lejos y hace tiempo sobre las zonas específicas de pestilencia de la pampa cuando se acerca a los saladeros. La menciona al pasar, pues no desea ver a Hudson rebajando de la manera que sea el aroma primordial de la pampa. ‘Aunque a veces como golpe de viento sobre el río/el enigma te acertó en su espalda su escalofrió/ husmeabas tú el secreto de las más púdicas maravillas/la naturaleza parecía de a ratos sentada en tus rodilla’. El escritor tiene a su disposición fuertes imágenes –la anterior es de su poema “Presencia de Hudson”–, para todo lo que interfiera en la percepción de la pampa como fragancia primordial. Ocurre con los grandes naturalistas, que al escribir sus sentimientos de entrega al orden primitivo y envolvente de sabores, humedades y pedregales, va eligiendo con tino delicado imágenes humanizantes. Como si la naturaleza crease al hombre, pero este se sobrepusiera a la propia creación y tuviera que elegir o una vida de artificios, o de reflexión creadora, sobre aquello mismo que lo ha creado. He allí la antropología poética con la que Franco desea interpretar a Hudson”, plantea González en el centro de su remolino de ideas sobre esta obra. Hudson tuvo la influencia de grandes naturalistas de la época y poco tardó en engrosar él mismo la fila de estos notables observadores “del gran todo”.

Luis Franco como Whitman o Thoreau, fueron espíritus libres, rendidos a la libertad, al goce, a la naturaleza como ordenadora del todo. Espíritus griegos nacidos en el siglo XIX. Un camino del belicho lo lleva a Goethe y Shakespeare, otra senda hacia Darwin y Ameghino. En Hudson a caballo Franco dialoga con el inglés de Quilmes mano a mano como lo harían dos viejos sabios, sobre costumbres de animales, sobre observaciones minuciosas que brinda la pampa y el monte  colindante. Hay un paralelismo siempre con el hombre pedestre mundano, este y aquel “carcelero del espíritu”, ambos aborrecían las jaulas. Franco exigió la excomunión del jardín zoológico, los dos comparten parrafadas de admiración al chajá, al puma majestuoso o a la inteligencia del burro. Los dos fueron jinetes, amigos del caballo, orgullosos de desarrollar tareas de campo, se rieron a risa plena de los relatos de los gauchos de la pampa, de los relatos de aparecidos, de brujos y hechiceros y de la propia magia y sabiduría que encierra la copla. Luis Franco funde con el canto del pueblo su libro de coplas. Para ellos no había contemplación sin acción, ni acción sin contemplación. Franco se enorgullece de haber hecho más de diez mil injertos, Guillermo Hudson hizo un manual de aves: Aves del Plata, logró fama como naturalista y experto en aves de esta parte de América y una vez que se volvió a su país desarrolló una literatura profunda. “Escribe como crece el pasto”, dijo Conrad.

La reedición de Hudson a caballo pone en manos de los lectores un hermoso ensayo, muy poco conocido y editado por primera vez en 1956. Después, hubo alguna otra reedición con la suerte escasa de las ediciones de autor, que se agrupan en anaqueles de bibliotecas, tal vez depósitos de fósiles (libros), pero esta es otra historia.

Imagen: Franco, por Alberto Rojo.

Alberto Rojo nació en Tucumán y obtuvo su licenciatura y su doctorado en física en el Instituto Balseiro (Bariloche, Argentina); posteriormente desarrolló su vida profesional en los Estados Unidos. Es autor de los libros La física en la vida cotidiana, Borges y la física cuántica, El azar en la vida cotidiana y un centenar de artículos en diarios como La Gaceta de Tucumán, Clarín y La Nación.

Una respuesta a “Vuelve Luis Franco en “Hudson a caballo””

  1. Pedar dice:

    David Vinas, “Luis Franco: de Lugones a la heterodoxia”, prol. a Luis Franco, El General Paz y los dos caudillajes, Buenos Aires, Solar, 1984, 5? ed.

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