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ISSN 2684-0626

 

 

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El viaje (in) visible de Sylvina Bach

Acercamiento a la obra La escena invencible

Por Mónica Cazón |

Mond Glunst Rauch*

Ich fahre vorwärts ich denke

Zurück weit entfernt

Ist mein Herz von früher

Zeit blieb nur ein

Lachen ich fahre also

Weiter erinnere nichts weiter

Sarah Kirsch (Alemania,1935)

Deconstruir o conceptualizar a un autor es una tarea peligrosa. Lo que se ve, lo que no se ve, las imágenes mixturadas en la vorágine de lo abstracto y lo concreto: el instinto para acechar en la escritura de Bach.

Desmenuzar la obra La escena invencible es un “Acto de fe” (Bach, Sylvina). Rescatar la literalidad en cada uno de sus versos, el significado intrínseco y versátil, porque este poemario es, ante todo y, sobre todo, un acto de fe (en sí misma, en la vida) en la certeza de que cualquier situación adversa podrá sortearse, a partir de la fortaleza cimentada en la niñez. “La fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Hebreos, 11:1).

He aquí la niña que transita de la mano de sus padres, la mujer que saltó al mundo, y la madre junto al hijo. He aquí su voz que exclama Aquello cuanto amé cabe/ en este hueco de mi mano/Quién es/ esta mujer/que traza su futuro sobre el agua/. He aquí su voz que anuncia El día en que crecí me volví una extranjera/Entre las huellas que dejé/algunas han sangrado/llevándome al lugar más solitario de la tierra/.

La introducción al estudio del corpus poético de La escena invencible de SB incluye una cuidada selección de poesías a cargo de Gerania Editora, agrupada en cuatro secciones. El primer grupo, La infancia fue aquel país en el que yo me encontraba siempre a salvo;  los poemas que conforman el segundo grupo Revelaciones de la nieve sobre el trueno; Actos de fe y, por último, ¿Quién es esta mujer que traza su futuro sobre el agua?

Editar, por otra parte, también es intervenir de una u otra manera, en mayor o menor grado, el texto. Esto implica una cierta desacralización del texto llamado “original”, profanación que santifica y se agradece.  

Bach se ha afirmado de manera contundente en el panorama de la literatura tucumana. Una poeta que construyó su historia literaria desde el más profundo de los silencios, y emergió con lucidez, precisión y una exquisita vitalidad. Su poemario tiene vocación intimista, sirvan como puertas de la percepción los versos que transportan al lector a un viaje al centro del universo de la poeta. Un viaje peculiar que merece transitarse y leerse desde lo que dice y aquello que calla: La forma nunca es más que la revelación del contenido.

A partir de las primeras páginas, Bach se adentra en las raíces que, consecuentemente, se instalan a través del libro. El hilo rojo vincula su escritura con el mundo: el hijo (presencia hecha palabra), la familia, los vínculos trascendentales, el permanecer o atravesar barreras geográficas y las otras. Mi hijo se abrazó a mi cuello./ Con una mano lo contuve;/ con la otra escribí:/ todo cuanto miramos/ es una escena invencible./ Sólo desde allí/ construiremos la vida. La autora nos sumerge en espacios sobrecogedores que impactan y, acto seguido, comienzan a sucederse tramas que se permite descubrir y revelar: Ellos/ despojados de todo/ menos del amor que nos mantiene/ nunca preguntaron qué había/ más allá de este horizonte/ porque el horizonte era ellos/ y nosotros/ y lo seguimos siendo.

La poeta contempla y medita las frases que connotan un estado en el cual el calor del sentimiento templa el intelecto. ¿Qué quiero decir con esta observación? Contemplar viene de templum, templo, un lugar, un espacio para la observación. Y meditar es mantener la mente en un estado de contemplación; Sylvina cavila, respira hacia adentro. Sus poemas nacen a partir de esta introspección sigilosa.

SB utiliza recursos precursores de los vocablos que pueden subir a la superficie, o no. El oído y el ojo, el intelecto y la pasión se interrelacionan sutilmente, junto a la precisión del lenguaje que ocurre a lo largo de la escritura, y mantiene a este libro en una interacción exacta. Contenido y forma se encuentran en estado dinámico; hablo de la secuencia lineal que puede descubrirse a través del poemario.

¿Cómo no mencionar este poema que habla del amor, desamor, siempre amor?: Acabo de escribir/ el más hermoso poema de amor/ a tus ojos/ que tanta lluvia me dieron / En este sobre transparente/ te devuelvo el huracán sembrado/ las vistas encendidas desde tu balcón/ los deseo que les pedí a los trenes/ el ruido de los aviones despegando; ¿o estos versos perturbadores, los de la entrega más prístina?: te di la lluvia/ esa pequeña tarde en que dijiste/ ven a mi mundo/ y yo fui.

Símbolo y materia delineados con trazos firmes de la palabra, que adoraría Szymborska, por su nitidez: Solo las preguntas un poco ingenuas son verdaderamente profundas, dice Wislawa.

Bach nos muestra la cara menos amable de la vida, pero también celebra la existencia. Los viajes que añora, los sentimientos descarnados que afloran y, que sin embargo, no convocan al sentimentalismo. Y es que, en palabras de la poeta Cada corazón/ tiene un lado deshabitado/ que resguarda a los monstruos del camino/ hasta que recobran fuerzas/ y se van.

Los poemas de La escena invencible transitan el dolor, la identidad, la pérdida, las tradiciones, los afectos. Lo incorpóreo y lo deliberado tienen aquí el espacio para hacer irrepetibles las vivencias.

¿Acaso en Juego de niños* SB usa el objeto poético como un recurso impensado? Camino sobre rieles/ apenas un segundo antes/ que pase el tren. El abismo absoluto, y la desesperanza.

La aparencialidad significativa del objeto poético consiste en que éste puede ser una mera apariencia, una simple imagen; en otras palabras, en que posee una cierta independencia respecto de lo real —entendiéndose esta palabra “real” en el sentido limitado de realidad material. La poeta desentierra las áreas opacas que la interpelan y sucumben ante la escritura.

Idéntica característica podemos observar en La suicida: Ella se parecía tanto a mí/ la noche en que escribió/ me voy como una mariposa al desierto/ No tengo idea de quién he sido.

¿Qué es la muerte de un hombre? Con él muere una cara que no se repetirá, observa Plinio. Cada hombre tiene su cara única y con él mueren miles de circunstancias, miles de recuerdos.

He de señalar que La escena invencible es un viaje de ida, del que ya no se regresa igual: yo estuve en Mont Martre/ un día una tarde la mitad de una noche/ en el mismo vértice en que Edith Gassoin/ nació sin ayuda en plena calle.  

Dijiste/ viajaremos a Turín/ Te hará bien unas tardes en Londres/ Es hora de volver. No puedo dormir si no estás aquí.

En suma, los poemas se destacan por su contundencia, acentúan las costumbres y tradiciones del terruño natal y el anhelo de lo vivido en otras latitudes. La infancia es el lugar a partir del cual se emerge.  El sujeto lírico, la voz que se filtra, es la de alguien que asume y exhorta. Hay versos despejados, de ritmo parejo y vocabulario cuidado que nos insertan en la realidad virtual del lenguaje Bach que, con metáforas exquisitas, movilizan al lector hasta las profundidades y demuelen la sensibilidad de quién se sumerge en la lectura: Hacia atrás estoy/ acurrucada en los rincones/ como una carrasquita/ que se ha caído de su nido/y no sabe que está a punto/ de aprender a volar.

Reconducir lo bello a lo inexpresable constituye un intento similar al de Wittgenstein, que lo concibe ya no desde una gramática superficial, como adjetivo, sino del modo como realmente se usa: como una interjección. Decir bello es como decir ¡oh!, y esa es la manifestación de placer y aprobación en presencia de La escena invencible, donde esta poeta de ojos infinitos y una lírica personalísima, nos habla: Soy un huracán en una cajita, lo siento/ intento quedarme aquí dentro/ pero siempre/ algún curioso/ abre la tapa/.  

        Abrir este libro es descubrir lo perdurable.

Mónica Cazón

Invierno del 2021


*Luna lustre humo

Camino para adelante, pienso 

para atrás muy lejos. 

Está mi corazón del tiempo. 

De antes nada más quedó

una risa, así que sigo el 

camino, no recuerdo nada más. 

Sarah Kirsch (Alemania,1935)


*Jeux d enfants, película, 2003


Imagen de portada: La escena invencible, de Sylvina Bach (Gerania Editora, 2020)

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Una respuesta a “El viaje (in) visible de Sylvina Bach”

  1. Emilia Gutiérrez dice:

    Maravilloso libro y ser humano. Gracias Moni por esta nota tan necesaria.

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