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La otra belleza

Entrevista a Daniela Seggiaro

Por Fabián Soberón |

La directora Daniela Seggiaro (Salta, 1979) reflexiona sobre los conflictos sociales que aparecen en su opera prima, Nosilatiaj La belleza, se refiere a su relación con el cine de Lucrecia Martel, a la representación de la cultura wichí y al tipo de espectador que espera para su cine.

¿Cuáles son los directores que consideras tus mentores estéticos?

En mi casa de infancia se consumía mucho cine denominado en esa época «cine arte» y a mí me gustaban mucho las películas italianas, en particular sobresalía para mi Ettore Scola, después estuve encantada con Kieslowski, La doble vida de Verónica fue mi película preferida por mucho tiempo, en esa época recuerdo haber visto también las primeras películas de cine oriental que me resultaba muy particular, encantador y cercano a la manera de ser de muchas zonas del norte. Ya en la facultad Fernando Peña nos proyectó Sin Aliento en 16mm y ese fue otro amor a primera vista. Es difícil hablar de influencias porque todo lo que nos gusta nos influye… siento que mientras estudiaba fue muy importante para mí el cine nacional porque a fines de los ’90, empecé a ocuparme de mirar con gran interés lo que estaba pasando aquí en nuestras pantallas y esas pantallas me abrieron otras como el amor por (Leonardo) Favio y cinematografías más lejanas que entraban en diálogo. No puedo dejar de nombrar a Kiarostami, Kaurismaki, los Dardenne. No me considero una cinéfila obsesiva pero la verdad es que me gusta mucho ver películas de todos los tiempos y me gusta ir a verlas al cine.

Considerando que tu película Nosilatiaj La belleza se realiza en el ámbito de la zona norte, ¿cuál es tu relación con la filmografía de Lucrecia Martel? ¿Cuáles son las relaciones que crees que establece tu película con el cine de Lucrecia?

El cine de Lucrecia fue siempre para mi muy importante y un gran placer, con La ciénaga vi por primera vez a Salta en la pantalla, una mirada con la que acordaba y de alguna forma sentía propia, cercana, escuchar un sonido familiar y una forma de hablar que se parecía a la mía en el cine, fue muy emocionante para mí. No sé qué relación establece Nosilatiaj con todo el gran cine de Lucrecia pero seguro será de cariño, admiración y profundo respeto. Haber nacido en el norte de Argentina es algo que en algunas personas genera una marca muy fuerte porque es un lugar muy particular y poderoso, creo que  compartimos ese sentimiento.

¿Por qué te interesó trabajar con la cultura wichí?

El trabajo que me interesa no es sólo con la cultura wichí sino con la relación entre los distintos mundos que no logran comunicarse a pesar de tener que convivir. En particular la cultura wichí me atrae porque la percibo como un espacio de resistencia y sabiduría muy especial que merece ser y estar presente hoy más que nunca en el mundo contemporáneo.

Me ha interesado la forma que propone la película de contraponer las dos culturas: la criolla y la cultura wichí. Me parece que a través del problema de la belleza la película propone una entrada indirecta al conflicto ético y social (y le quita solemnidad al tratamiento del problema). ¿Qué pensás de esto?

Creo que la historia que cuenta la película permitía hablar de muchas cosas en relación a observar algunos vínculos que se establecen entre las culturas particulares que luchan por mantener sus cosmogonías singularidades y algunos personajes que pertenecen al mundo que basa sus sistemas de valores en considerar las «otredades» como problemas y no como riquezas.

¿Qué significa para vos hacer cine? Lo pregunto pensando en las circunstancias complejas que implica hacer cine en Argentina, sobre todo una ópera prima.

Creo en el cine como una herramienta para observar, para experimentar y dejar surgir pensamientos. Quizás por eso no me es tan fácil hacerlo, porque es una enorme responsabilidad que a veces puede paralizar un poco. De todas formas es increíble cómo se mueve una maquinaria de voluntades, diversos intereses, apoyos y sentimientos cuando se trabaja en una película. Es muy particular ese proceso y me gustaría pasarlo muchas veces más.

Hay un uso deliberado de planos secuencia que definen una estética. Me parece que la película se construye desde una mirada no clásica. Si bien el relato puede ser pensado en términos clásicos, el uso de ciertas marcas del lenguaje audiovisual me hace pensar en la búsqueda de un espectador activo, más cercano al espectador del cine moderno. ¿Qué pensás de esto? ¿Qué tipo de espectador te imaginabas mientras hacías tu película?

Imaginé hacer algo que me guste a mí como espectadora en principio y creo que tuve en cuenta a las personas más cercanas que estarían sentadas a mi lado en esa sala. Siempre supe que mirar la película iba a necesitar de una paciencia y una mirada sensible que pueda completar el relato. Dejar espacio para la subjetividad y la duda me resultó siempre algo importante y necesario para hablar de lo que hablamos en Nosilatiaj y me gusta haber recibido del público sus propias ideas y percepciones de la película, tanto del público wichí como del de los muchos lugares del mundo por los que transitó. Esa es una dimensión que me parece la más maravillosa del cine, su posibilidad de proyección en las pantallas internas más diversas.

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