Palabras de presentación
-Gabriel Gómez Saavedra-
Juan Lix Klett crea para sus poemas un pájaro despojado de anclaje material, que trepa la poesía como si fuese el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Arriba, se mira en el reflejo de la manzana y no se reconoce, y la serpiente le convida el sabor de la culpa y de la soledad. Y así, con un tono clásico y desangelado, hecho con la sombra del agua o la del humo, abre un campo de batalla donde se baten a duelo su génesis y su apocalipsis, sin que podamos reconocer cuál es cuál.
LA SOMBRA Y EL PROBLEMA DE LA LUZ
Una mañana acabé
al amor en forma y no en sustancia.
Una mañana tan cotidiana como todas
las mañanas
perdí en las manos
la certeza de mil noches y mil manos
que en la forma lo eran todo
y en sustancia mi verdad.
Estuve yo
con una sombra en consistencia inabarcable,
poseído por un discurso del quella decía:
te posee la lógica del corte,
apartar tu carne,
penetrar en el arbitrio del demonio
que arbitra tu lenguaje
e intentar sobrevivirte.
Entonces supimos que enfrente estaba
lo que en formas todo sabe y que en sabiendo
no puede más que cerciorarse:
La culpa.
Al paso que sigue, una vez el otro dado,
cavé profundo, hice hueco en el calor
que da el deseo
y la ilusión hacía en el ojo
una verdad y una mentira perpetradas:
Que la afrenta es afrenta en cuanto dura
y cuando no, el deseo es una nada interminable.
Pésame amor mío,
porque todas son palabras
y muy pocas son reales.
Y aunque solo esté cavando
en la piedra incinerada
busco en las verdades de este cuerpo
lo que pudo, lo que hubo y lo que soy.
¿hacia dónde voy ahora? pregunté
a la infiel compañera.
Ocaso no notaste dijo,
estás ya en la otra tierra y el ardor que te calcina
satisface la inconsciencia en tu deseo.
Estás ya ante las palabras que en tu miedo
no dirán nada de lo que ha sucedido,
porque en las palabras de tu miedo
solo hay sucediendo.
Ven y en mis manos entrega tus monedas
porque el silencio te ha lamentado.
De ellas será un manzano
tan grande como las palabras que vivo
anhelaste
y sus sombras mayores que las mías.
De ellas será un manzano:
un nombre que se oponga
al asombro del infierno.
Y un manzano será
todo aquello que alado desee
tanto la mentira como la verdad
alado el deseo
lado a lado la ficción,
combinación poderosa
pero el acto es diferente.
Yo estoy aquí y no en lo que podría.
Conmigo es la pena que está siendo
y pudiendo detenerla,
soy yo quien castiga
con dolor en los dedos
y constancia en la memoria.
Y acabada su palabra
lloré a los pies del árbol dicotómico.
No me quedan más monedas
ni dolores más que el uno mencionado,
clavé una espada alrededor de la escritura
y comí de mi deseo,
ahora todo está en lo cierto
el sentido, el ahora, el comer
y la muerte.
LA ORILLA
“El Señor Dios hizo brotar del suelo
toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer;
además, hizo brotar el árbol de la vida en mitad del jardín
y el árbol del conocimiento del bien y del mal”
GN 2,9
Estoy perdido en la inmensidad
de mi memoria y me arrastra una fuerza
volcánica, insípida y odiosa.
Crucé embalsado lamentos y penas muertas
perlas antiguas de un sueño que no acaba,
razones de un tiempo tan próximo
que en pretérito hablaría, pero no,
la noción aquí no es otra que el deseo coartado
por La culpa indescifrable.
No hay camino, ni aguja, ni patria espejada
que hable y describa
en que tanto nos parecemos las almas castigadas.
Me acerco al árbol dicotómico,
enterré las penas y guardé lamentos
en arenas grandísimas.
Un pájaro se posa sobre ramas doloridas
privada la vista y guardando para él
lo insensato de la escucha.
El pájaro se posa colosal en esta noche.
Hay verdades que la revelación no alcanza
hay verdades que nunca serán dichas
porque hay anhelos de olvido
porque hay cosas que dolieron mucho más
que la verdad.
El pájaro deja las ramas
y el árbol deja de chillar.
Yo estoy entre su fruto y la memoria
decido acercarme
decido ser tomado por la lengua
y castigado únicamente por la lengua.
No hay costa esperanzadora
ni vientos a la fe,
solo hacer del castigo
una verdad inabarcable.
BIG BANG
Estoy ya frente a la cuna de una historia
que no puede terminarse,
estoy ya frente al oráculo
y no he aprendido a interpretar.
Su voz declina hacia mi lengua,
explica las verdades de esta tierra
succionada.
Yo doy para él
finísimo el oído y herido el corazón.
Es tuyo el reflejo, la manzana, dice,
si la quieres, tortura del alma.
Es tuya la serpiente, el deseo
que estira la mano para avanzar
en la causalidad de tu palabra.
Como quien se mastica y saborea
una otredad que se pregunta por lo otro
tomo al deseo por el fruto
y el árbol advierte:
Sabrás que es perder,
sabrás que es tu cuerpo
lo que escapa del cerco de tu boca
cuando tu boca desee
escapar,
saber un poco más.
Todo lo que digas será y lo que no será
dicho de otro modo.
No hay vuelta hacia el atrás
cuando se aprende a descreer,
cuando se aprende a desconfiar.
Comerás de mi fruto
y serás la voz que te guíe
en el camino de la nada.
¿Y qué hago ahora? dije
que el poeta ha confundido el verbo
con pronombre tan posesivo.
POIESIS
Yo escribo porque escribiré
lo que está reescrito en el corazón de lo inconciente,
la ambigüedad de ese enunciado,
la sana literalidad del árbol
y la retrospectiva que intenta permanecer ante la poda.
De acto a acto, el texto es pura potencia,
la ley es natural a término de su jardín:
no hay brillo en la palabra brillo
pero sí un poema en hacerlo
brillar.
Y una vez contenida la materialidad
de lo que no puede estar hecho
no hay nada más decepcionante
que encontrarse sólo
en las posibilidades de lo refinado.
En el poema
la mentira, el poeta y el hambre
cuculan a un manzano perfumado
sabiendo que la poda les es siempre
inevitable,
sabiendo que perpetran sintaxis
angular,
sabiendo que el sentido es siempre otro
y que castiga, cuando Dios mira a un costado,
todo aquello que en el nombre del ninguno
es usado por el uno, por el otro
y por todos los demás.
Juan Lix Klett (San Miguel de Tucumán, 2005). Poeta, actualmente cursa la licenciatura en letras de la Universidad Nacional de Tucumán y codirige el sello editorial Aguacero Ediciones.

Concepción, prov. de Tucumán, 1980. Publicó la plaqueta Huecos (Ediciones Del Té, 2010), y los libros Escorial (Editorial Huesos de Jibia, 2013), Siesta (Ediciones Último Reino, 2018) y Era (Falta Envido Ediciones, 2021). Entre otras distinciones, ganó el Premio Municipal de Literatura San Miguel de Tucumán – Género Poesía (Región N.O.A.) y fue seleccionado por el Fondo Nacional de las Artes como becario del programa Pertenencia: puesta en valor de la diversidad cultural argentina.



