Por Gabriel Gómez Saavedra |
Imaginemos que el relato bíblico sobre la derrota de la monolengua de Babel no haya contemplado la siguiente subtrama: uno de sus habitantes no tuvo la posibilidad de encontrar pares que compartieran el nuevo lenguaje que le asignó la divinidad para así insertarse en una nueva tribu, como lo hicieron los demás, dejando atrás un fondo de ruinas. A este individuo, la soledad de su lengua lo obligó a vagar por la tierra, adaptándose a las lenguas de tribus adoptivas para no perecer en el aislamiento. Con los años, el ejercicio de la ajenidad no le permitió olvidar esa lengua única que comenzó como condena, para terminar, convirtiéndose en una piedra preciosa y vital cuando deseaba escuchar cómo suenan los vientos del alma que cantan nada más que para él. Entonces, un día, cuando una de sus tribus adoptivas dormía bajo las interrogantes estrellas, retornó a Babel y, en unos cuantos ladrillos derrumbados, cinceló símbolos para dejar huellas de esa lengua sin reparar en si alguien, alguna vez, podría descifrarla. Imaginemos, nuevamente, que esa lengua fuera encontrada por un poeta que, quizás sin lograr entenderla del todo, la empuña como una daga para con ella atravesar su lengua materna, enloqueciéndola, a tal nivel, que su sintaxis se pareciera a un derrumbe que permite leer la poesía desde perspectivas inesperadas. Algo similar a esta acción es lo que se presiente que operó sobre el lenguaje de los poemas de Lisandro Esteban, que se comparten en este número de La Papa: “Marcha / fermento / por la acequia, la sangre. Me / acequio; (te) sangro. Me / clarifico. Cada día / me añeja”.
maculado corazón
Lecho azufrado, Libro vetusto…
Relamo de mis dedos el pigmento
dorado. Cae
ocaso de sangre y
sulfuros.
Infamia es; soy, soy ustible
a ojo seráfico.
Maculo
en la medida
que amo.
Menos
intrincado depurar
el odio.
nunca el mundo se ensaña
con los que odian.[1]
Nunca.
Tú me quieres en llamas.
Que con todas sea el
magma.
Por mi sangre
– impura? –
paséanse
– porque amo –
peces o acrónimos[2].
Por mi secuencia genética,
de rato en rato,
crismones.
(…XP…XP…XP…)
70 milímetros
de agua y de milagro
(o aguacero en marzo y chaparrones
en abril)
sobre suelo iraquí
boquiabierto aún
como pescado o rajado en verdad
hasta el tuétano
70
milímetros
de agua o de cristal
navegable
que escapa al
horizonte y deja ver
aún la inclemencia de la ausencia de siquiera
un mililitro
quizá te refleje
un misil balístico
100
cumulonimbos
se anduvieron
seminalmente
reteniendo
Opinaría
yo que no nos retengamos
si en verdad te invitara a esta
nueva y breve edición del
Edén
Ved
en la afección del eccema
patas; morro sinvergüenza
tras todo el viñedo.
No siendo
de vendimia época, he prensado
con diente, tragado
los sólidos.
Marcha
fermento
por la acequia, la sangre. Me
acequio; (te) sangro. Me
clarifico. Cada día
me añeja.
Me han dejado
a mi suerte en
la bodega.
La Vehemencia,
causa motriz, sí
que me ha hecho
inmóvil.
Anima
–Me cuelo, no sé,
me llamaron?
. . .
Va el dedo, va la mano,
el codo; todo el bra–
. . .
–Grata es la Sangre,
Teñirme en su Río
–Beber del Agua,
Hervir, casi
–Que no me oiga, no,
que no he pensado en
qué pensar
–La Llaga → El Jardín
El Jardín ← La Llaga
Que no me expulse,
que yo La soporte
–El Mal
nexo hace con
El Bien
Si me defiendes
me atacas
también
–No muero,
si es que no muero
Tiempo hay
(eterno)
para que ceda o resuelva
(resuélvese?)
qué pensar
. . .
–No me mandes…
No me mandas;
lo sabes
Sabes
: yo iré solo
(yo ya estoy)
yo no iré…
A Pablo Romero
O estómago en ayunas
o déficit público,
La Palabra.
Gesta es de barro;
no de altura.
Dígase de ahí su
“inoperancia.”
Aun
criados de Babel –
habremos de juntarnos
a decir con lo que es
magro
lo que es
graso.
–Justo es;
necesario.
[1] Thénon, en La morada imposible.
[2] ΙΧΘΥΣ, “Jesucristo Hijo de Dios Salvador”.
Lisandro Esteban (San Miguel de Tucumán, 2004). Escribió los libros Musageta (Aguacero, 2026) y maculado corazón (inédito). Participa en el vigésimo número de la revista Casapaís, titulado El mundo tal cual es.

Concepción, prov. de Tucumán, 1980. Publicó la plaqueta Huecos (Ediciones Del Té, 2010), y los libros Escorial (Editorial Huesos de Jibia, 2013), Siesta (Ediciones Último Reino, 2018) y Era (Falta Envido Ediciones, 2021). Entre otras distinciones, ganó el Premio Municipal de Literatura San Miguel de Tucumán – Género Poesía (Región N.O.A.) y fue seleccionado por el Fondo Nacional de las Artes como becario del programa Pertenencia: puesta en valor de la diversidad cultural argentina.



